Estoy a punto de abrir la boca cuando entra Stella y trae en brazos a Seth, nos mira con preocupación. Mael no duda ni un instante en aproximarse y me quedo paralizada por unos segundos antes de acercarme a él que no deja de llorar. —¿Qué pasó? —pregunta rápidamente Mael y lo toma en brazos. —Señor no dejaba de llorar, intente darle su leche, su pañal está limpio y me aseguré, pero no parece tener fiebre tampoco —suspira pasando la mano por su frente. En pleno silencio me paro a su lado, observo el rostro de mi pequeño que parece por alguna extraña razón quedarse en calma y cruzamos miradas con Mael. Se lo arrebato de los brazos, lo arrulló y limpio las lágrimas de sus mejillas. Parece entrar en un estado de calma al sentirme, como si de alguna manera se hubiera familiarizado tanto con

