— Lo sé, eso ha sido genial, tú también eres un Dios en la cama — dijo Shirley, cuando menos lo pensé, ella se ha sentado encima de mi cadera, quedando con las piernas apoyándose a casa lado de mi cuerpo, y mi m*****o que está descansando está sintiendo su húmeda y acalorada flor encima. Sonrío al sentir el contacto de Shirley con el mío, sin embargo, una pregunta rondaba por mi mente, y yo sabía que, por desgracia, era hora de irme. Y aunque no quería irme todavía, porque la estaba pasando muy bien, la verdad era que sí tenía que irme antes de que los problemas en casa fueran a ser mucho más grandes para mí. — ¿Qué hora es? — he preguntado justo después de que Shirley me ha besado. Al escuchar mi pregunta Shirley ha volteado a mirar hacia la mesita de noche de Hanna, he olvidado que

