Belinda comienza a acercarse lentamente hacia mí, aunque primero, antes de haberlo hecho, ella decide mirar de un lado para el otro, como si estuviera tomando cuidado de la situación porque ella sabía que nadie podía vernos en este tipo de encuentros. El que menos podía darse cuenta era mi padre, pues donde lo hiciera, yo no sabría cómo iba a reaccionar, y más desde la pelea que tuvimos la noche anterior. Ya cuando Belinda se aseguró de que no hubieran monos en la costa, fue allí cuando ella se terminó de acercar hacia mí, y entonces, sus labios besaron los míos de la forma más tierna que pude haber recibido una vez en la vida. Yo no supe que pensar, Belinda y yo no éramos novios como para que ella me tratará como si lo fuera, nunca le he dado entrada para que así lo hiciera, es más, yo

