-Ni se te ocurra contarle. -le dije mientras subíamos por el ascensor- -¿Por qué? Es mi mejor amiga -protestó- -Por que es mi secreto. -ella pareció pensarlo, luego resopló con resignación- -Bien... -la puerta del ascensor se abrió. Eran como las tres de la mañana- Oh, la señora Gladis. -señaló a una puerta abriéndose. De allí, salió la misma anciana que nos abordó antes de entrar al departamento en la tarde- -OH, MIRANDA. -la señora vino corriendo (a su velocidad) hasta nosotros- ¿Estás bien? ¿Te hicieron daño? ¿Quieres agua? -Miranda rió levemente y le puso las manos (soltando la mía) en los hombros para tranquilizarla- -No te preocupes, Gradis, estoy bien. No me hicieron daño y tengo agua en mi departamento. -sonrió calidamente- -Oh, que alivio. -suspiró- Pensé que la policía habí

