-¿Qué? -pregunté incrédulo mientras ella caminaba en dirección a la cabaña- -Lo que oíste -se agachó frente a la puerta y miró por debajo del tapete. De ahí sacó una llave y abrió la puerta- Voy a dejar mi bolso. Quédate aquí. -me quedé afuera, con frío, observando la enormidad del lugar. El vacío y la soledad se sentía en el aire. La pequeña cabaña se ubicaba justo en frente del gran lago. A lo lejos se veían unos cuantos caballos pastando. Las aves sobrevolando el lago en busca de algún alimento. Una pequeña canoa atada a un muelle viejo. La carretera estaba completamente desierta. No había rastro de ningún auto acercándose- Volví. -dijo Miranda caminando hacia mi- -¿Qué quieres saber acerca de esto? Es una maldición, Miranda. Es peligroso. Para ti y para todos. -ella sonrió y empezó a

