—Sinceramente, de verdad quiero disculparme por haber ofendido a tu esposo —me siento nerviosa, pero me niego a quedarme callada—. De todas formas, eso no cambiará lo que pienso de él. Tengo que ser franca con ella, un poco de educación es necesaria, pero eso no hará la gran diferencia. Sigo sin soportar a su esposo y ni siquiera sé cómo ella, siendo tan hermosa, puede tolerarlo. —No te juzgo por eso —vuelve a darme una leve sonrisa—. Mi esposo no ha sido muy amable contigo, que digamos. Pero no te odia, Kasia. Eso puedo asegurártelo. —Tus años de matrimonio no creo que me hagan cambiar de opinión —Me siento en la cama buscando su mirada—. ¿Desde cuándo lo soportas? —Desde mis trece años. La impresión en mi rostro no se hace esperar y eso causa que Aleska se ría con las mejillas color

