No me sorprende que me haya dejado hablando sola. No tengo tiempo para ofenderme por eso, cuando tengo ante mí a Rhyszard mirándome cómo lo está haciendo. Sostengo el teléfono con fuerza, la misma mano me tiembla sin poder controlarla. Aprieto los dientes, intento respirar con calma. —¿Cuánto te está pagando Odette para engañarme? Sigue oyéndose calmado, pero cada palabra es un filo que se hunde en mi pecho y me obliga a sostenerle la mirada, aunque todo en mí me grita para que huya. —No voy a responderte nada hasta que me asegures que eres Rhyszard Neumann y no Radek. —digo y mi voz no tiembla, aunque por dentro estoy colapsada. El esfuerzo monumental que he hecho para decir eso sin romperme debería ser premiado, porque lo que le que acabo de decir no es una exigencia, es una sú

