4

1653 Palabras
Hasta el último suspiro. Capítulo 4. Esperaba que aquel plan improvisado no nos trajera ninguna complicación, era la primera vez que salíamos en grupo y realmente quería pasarla bien, pero no estaba muy segura de que eso pudiera pasar, pues allí estaría Elena, y por si fuera poco también Tony, que aun cuando siempre se portaba muy bien conmigo, había algo en él que no me gustaba. No obstante, se trataba de los amigos de Alan y así como él aceptaba a mis amigas yo tendría que hacer lo mismo. - Oye, Marcus, Ven con nosotros, no todo es estudiar amigo, también hay que divertirse –le dijo Alan a un tímido joven que la mayoría del tiempo estaba solo. - Te lo agradezco Alan, pero mañana tenemos que presentar el proyecto y aún me faltan algunos ajustes –contestó. - No seas aguafiestas, nada te pasará si lo terminas luego –insistió Alan. - Vamos Marcus, no te hagas del rogar –intervino Pablo. Sin mucho ánimo, él asintió y por fin accedió acompañarnos, subimos a nuestros coches y nos dirigimos a un lugar donde pudiésemos jugar boliche. Alan me miró e inmediatamente se dio cuenta que me sentía incómoda, así que se detuvo un momento y se acercó para abrazarme. - Pasa algo preciosa? –me preguntó. - No me hagas caso, me siento un poco extraña, eso es todo -. - ¿Es por Elena?, no le hagas caso, ella es así, pero no es mala persona, verás que cuando se conozcan mejor serán muy buenas amigas –comentó. Me encantaba su optimismo, pero estaba segura que las cosas con esa bruja no serían tan sencillas como él pensaba. - Tienes razón, quizá estoy exagerando –le dije. - Definitivamente me saqué la lotería, tengo a la novia más hermosa y buena onda de todas –comentó. Nos dimos un beso increíble que hizo que mis sentidos se dispararan, cuando estábamos juntos parecía que el tiempo se detenía, nada importaba en ese momento, él era lo que tanto necesitaba para completar mi felicidad. Llegamos al boliche y Tony aprovechaba cada momento que Alan estaba jugando, al principio no le di mucha importancia pero después me empecé a sentir muy incómoda. - Hola Mariam, te vez genial, Alan tiene mucha suerte de estar con una chica tan linda como tú –me dijo. - Gracias Tony, creo que la afortunada soy yo por tenerlo -contesté. - Tú podrías tener a quien quisieras, cualquier chico se sentiría soñado si tuviera la oportunidad de ganarse tu corazón –exclamó acercándose más de lo que debía. Desde donde estaba, Alan contemplaba la escena, y por supuesto que sintió ganas de golpear al pesado de Tony. Pablo también se dio cuenta, por lo que fue con él para evitar que el asunto terminara mal. - ¿Qué le pasa a este imbécil?, no entiendo para que Elena tuvo que invitarlo –Espetó Alan. -Cálmate bro, ya sabes cómo es, no hagas un escándalo –señaló Pablo para tratar de tranquilizarlo. -Eso es lo que él quiere, y para nada le voy a dar el gusto de hacerme quedar mal con mi novia –contestó con la seguridad que le caracterizaba. Inmediatamente, Alan llegó a la mesa y se sentó junto a mí, la cara de Tony se descolocó, se notaba la envidia que le tenía, por lo que no soportaba que Alan fuera feliz. - Bebé, discúlpame por dejarte sola, pero necesitaba enseñarles cómo se juega, Tony, te están esperando, o al menos que tengas miedo –atacó Alan para desquitarse. - Miedo yo, que va, eres tú quien debería tenerlo, deberíamos jugar en equipos para ver quien es mejor –sugirió. - Tal vez más tarde, por ahora solo quiero pasar tiempo con mi hermosa novia –contestó. Tony se levantó y fue directamente hasta donde estaba Elena, esos dos no perdían oportunidad para destilar veneno. -¿siempre es así con ustedes dos? –le pregunté. - Es un pesado mi amor, desde que tengo uso de razón se la pasa intentando conseguir todo lo que yo tengo, y ahora supongo que el objetivo eres tú pequeña –advirtió. - Claro que no, ¿Por qué querría algo conmigo?, si no soy para nada el tipo de chica con la que él está acostumbrado a salir, ¿no será que estás celoso? –bromeé. - Pues claro que lo estoy, para nada me gustó que ese tarado ni ningún otro esté tan cerca de ti –susurró. - No tienes de que preocuparte guapo, jamás podría fijarme en nadie más teniéndote a ti –afirmé. - Estoy feliz princesa, nunca me había sentido tan bien con alguien como lo estoy contigo, sé que lo nuestro se dio muy rápido, pero así es el amor, cuando llega, no hay nada que podamos hacer para evitar que se instale muy dentro de nuestro ser –musitó. - Tienes razón, desde la primera vez que te vi, ya no pude sacarte de mis pensamientos –confesé. Tomó mi rostro entre sus manos y sus labios rosaron los míos en un tierno beso que me hizo estremecer, me sentía como en un cuento de hadas del cual no quería salir jamás. -Te estás viendo muy lento Tony, tienes que hacer que ellos terminan esa estúpida relación, quiero a Alan solo para mí, no soporto que esa mujercita insignificante esté con él -espetó. -Mariam para nada es insignificante, es una chica bellísima, y me molesta que se haya enamorado de ese idiota y no de mí, pero te juro que esa relación no durará mucho, ella tiene que ser para mí –contestó. Esos dos eran terribles y no se detendrían hasta conseguir lo que se proponían, que más que un sentimiento noble hacia nosotros, lo de ellos era más una obsesión enfermiza. Por otra parte, mis amigas habían querido darnos nuestro espacio a Alan y a mí, pero luego de un rato llegaron a sentarse con nosotros. - Quisimos dejarlos un rato solitos, pero ya fue suficiente, juguemos todos juntos –propuso Annie. - Eso suena genial, formemos dos equipos –sugirió pablo. - Tu equipo contra el mío Alan -dijo Tony. Las miradas no se hicieron esperar, y tal como Alan lo había dicho, Tony aprovechaba cada oportunidad que tenía para rivalizar con él. El juego comenzó y las cosas se pusieron bastante parejas, por lo que los ánimos se encendieron. - - Dos tiros más y se decide quién será el ganador –anunció Pablo. - Ambos hicieron excelentes jugadas así que tuvieron que repetirlo una y otra vez, hasta que Alan comenzó a tomar la delantera. - Veo que quieres seguir perdiendo, ya resígnate Tony – celebró Alan. Tony echaba chispas por los ojos al igual que Elena, y cuando iba a quitarme los zapatos Ella me empujó y caí al piso. - Lo siento mucho Mariam, ¿necesitas que te ayude? –preguntó haciendo gala de toda su hipocresía. - ¿Estás bien mi amor? –preguntó Alan bastante angustiado. - Tranquilo cariño, estoy bien, me duele un poco pero ahorita se me pasa –le dije. - Debes tener cuidado Elena, la caída pudo ser peor le recriminó Alan. - Te juro que no la vi –mintió descaradamente. - Alan me ayudó a ponerme de pie, estaba muy preocupado al ver que se me dificultaba un poco caminar. Elena se dirigió al tocador de damas y Annie fue tras ella, conociéndola, seguro se traía algo entre manos para desquitarse por lo que Elena me había hecho. - ¿Crees que no me di cuenta de tu jueguito?, vi perfectamente cuando empujaste a Mariam –le reclamó Annie. -Estás loca, claro que no, ella se cayó, y ya lárgate y deja de molestarme –se defendió Elena. - Te advierto que no te vuelvas a meter con mi amiga si sabes lo que te conviene tarada –le advirtió. - Por favor, ¿y que si no te hago caso? –se burló Elena. - No quieres averiguarlo, créeme -la amenazó mi amiga. - Pues no te tengo miedo, mejor cuídense ustedes de meterse conmigo –sentenció. Elena se marchó, pero como Annie estaba furiosa fue tras ella y tomó una bebida de una de las mesas y se la lanzó n la cara. Elena soltó un grito llamando la atención de todos los presentes. Estaba realmente molesta y de no ser por Pablo que la detuvo lo hubiese sacado los ojos a mi amiga. - Estúpida, te juro que me las vas a pagar –gritó Elena lanzándole una mirada asesina a Annie. - Lo lamento querida, fue un accidente, los incidentes ocurren, ya vez lo que te acaba de pasar con Mariam –dijo Annie poniendo en evidencia a Elena. Al verse expuesta, decidió mejor salir huyendo, claro que se hizo la víctima para que Alan se compadeciera de ella y fuera a consolarla, lo cual no sucedió, pues él estaba conmigo y se había dado cuenta del juego de la que creía su amiga. Como no obtuvo lo que quería, la rabia de Elena creció y por supuesto, también su odio por mí y ahora también por Annie. La noche no terminó tan bien como todos hubiésemos querido, por lo que decidimos irnos a nuestras casas en lugar de seguir la fiesta. - Me preocupa ese golpe hermosa, Elena se pasó, pero te juro que mañana me va a oír –dijo Alan. - No Alan, no hagamos esto más grande, ya suficiente tenemos con lo que pasó entre ella y Annie, tal vez si fue un accidente tal como ella dijo amor –contesté. -Eres maravillosa, cualquiera en tu lugar estaría furiosa -. Él tenía razón, pero no quería que las cosas se hicieran más grandes, así que era mejor dejar las cosas como estaban para evitar confrontaciones.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR