Hasta el último suspiro.
Capítulo 5.
Después del día tan difícil que tuvimos, lo que menos quería era ir a la universidad y encontrarme con Elena, me moría por ver a Alan, pero amanecí con un terrible dolor de cabeza, que sabía perfectamente que no me permitiría concentrarme, por lo que decidí quedarme en casa a descansar.
No me gustaba faltar a clase, pero ese día me sentía realmente mal.
Mi madre se percató de que aún no me había levantado, así que fue a mi cuarto para averiguar que todo estuviera bien.
- Hija ¿está todo bien? –preguntó.
- No mami, me siento terrible, creo que me quedaré en casa para descansar –dije.
- Entonces me quedaré contigo para mimarte como cuando eras niña -.
- Claro que no, tú debes ir a la empresa, no quiero tener a tu jefe metido aquí en la casa, no te deja ni a sol ni a sombra -.
- Pues que se aguante, mi bebé está primero –contestó mi madre con su acostumbrado sentido del humor.
- No seas dramática, ni que fuera una niñita madre, pero como quieras, creo que nos vendrá bien un día en casa solo para las dos -.
A pesar de que no tenía ánimos de nada, mi humor cambió cuando entró a mi celular un mensaje de Alan.
Mi rostro se iluminó cuando me asomé para ver la pantalla del teléfono, era él, y eso fue suficiente para que mi mundo se pintara de color.
- Hola hermosa, te busqué hoy en la escuela pero no te encontré –escribió.
- Hola amor, me sentí un poco mal por eso decidí quedarme para descansar –le dije.
- Pobrecita, me gustaría estar contigo para poder cuidarte como tú hiciste conmigo -.
- Mejor no, que tal que te contagio, no quiero sentirme culpable después -.
- Por ti vale la pena correr el riesgo –susurró.
No pude evitar sonrojarme, ese chico tenía algo tan especial que con cada cosa que hacía era capaz de despertar en mí un mar de emociones.
Como era de esperarse, mi madre no dejó de hacer cosas para consentirme, ella era así, tan protectora, dispuesta a darlo todo para que yo estuviera bien, y por eso la amaba con toda mi alma, porque era la mejor, pero no solo eso sino que también porque tenía un estilo único, éramos las mejores amigas, cómplices de aventuras y la más grande admiradora de mis creaciones.
Habían pasado algunas horas, y las clases en la universidad ya habían terminado, tenía un montón de mensajes de mis amigas súper preocupadas por que no fui a la escuela.
De repente el timbre sonó y mi madre se apresuró a abrir, no esperábamos a nadie así que debía tratarse de algún repartidor de comida rápida, pero oh sorpresa cuando escuché la voz de la persona que había llegado a mi casa.
Era Alan, que llegó sin avisar, él siempre buscaba sorprenderme, así que no debería extrañarme que estuviera en mi casa.
- Hola, vengo a visitar a Mariam, me dijo que se sentía mal, soy Alan, y supongo que usted es Alina –dijo.
- La misma que viste y calza jovencito, pero por favor no me hables de usted, que me haces sentir más vieja de lo que estoy –contestó mi madre.
- ¿Vieja?, no, que va, si pareces la hermana de Mariam.
- Ay, ya empiezas a caerme bien, pero ven conmigo para que veas a mi hija, porque obviamente no viniste a visitarme a mí –contestó.
Alan sonrió y acompañó a mi madre a la habitación donde me encontraba, cuando la puerta se abrió de repente, me quedé de piedra al ver al guapísimo chico que estaba llegando a visitarme.
No me esperaba que él llegara sin avisar, y me moría de vergüenza porque estaba en unas tremendas fachas, ni siquiera me dio tiempo de arreglarme aunque fuera un poco.
- Hola princesa, te vez hermosa en pijama –me dijo con esa sonrisa de galán de cine que me ponía de rodillas.
- No te burles, seguro debo estar horrible en estas fachas que me cargo, pero no te perdono que no me hayas dicho que vendrías –le recriminé.
- Y perderme tu reacción, no, para nada –me dijo.
- Bueno tortolos, los dejo un rato solitos, voy a preparar la comida, ¿te quedas a comer con nosotras verdad?-preguntó mamá.
- Que amable, pues la verdad es que me encantaría, le agradezco mucho la invitación –contestó él.
- Entonces no se diga más, los llamo cuando esté lista -.
Mi madre se marchó cerrando la puerta detrás, a diferencia de otras madres, la mía era bastante open mine, y para ella no existían los tabúes ni temas chapados a la antigua.
Alan me abrazó, y aunque en un principio me resistí para no contagiarlo, terminé por ceder, pues tenerlo cerca me hacía sentir mucho mejor.
- Me encanta la actitud de tu mamá, es bastante alivianada, en eso se parece un poco a mi viejo –me dijo.
- Tu padre me cayó muy bien, se ve que te adora y que haría lo que fuera por ti –respondí.
- Sí, la verdad es que no sé qué haría sin él, es lo máximo y desde que mamá murió, él y yo nos ayudamos el uno al otro, es mi amigo, mi cómplice, lo quiero muchísimo –exclamó.
Tuvimos una charla muy amena mientras esperábamos a que estuviera la comida, él no dejaba de consentirme y llenarme de atenciones, era increíble cada cosa que teníamos oportunidad de vivir juntos.
Definitivamente él era mi otra mitad y deseaba con toda mi alma yo serlo para él también.
Quería vivir un sinfín de aventuras con Alan, que pudiésemos compartir nuestros sueños e ilusiones, y que la vida no tuviese reservada una inmensa felicidad en esta hermosa relación que me estaba colmando con una dicha inmensa.