CAPÍTULO TRECE: CORAZÓN FLAMEADO

1406 Palabras
Andes se quedó en una esquina del bar, pidió un trago de fresas y luego se recostó para esperar que el espectáculo empezara. Era una peña criolla, todo el día se presentaban cantantes locales, había bailes, comida y bebidas, un lugar perfecto para venir un fin de semana y pasar un momento agradable. Pero, ahora era diferente, ya que era una cita que tendría con Leslie, pero antes había sido invitado para que él la escuchara, ya después de eso, Andes la llevaría a otro lugar. Tenía todo listo, así que esperaba que fuera de su agrado. El grupo anterior se despidió sonriendo y la gente empezó aplaudir, él también lo hizo, con una sonrisa por lo bonito que habían cantado en lo poco que él había escuchado. Cuando su trago llegó, la mesera miró hacia el estrado donde un grupo se estaba colocando, luego sus ojos brillaron y Andes la miró con curiosidad. —¡Es Leslie! Sus presentaciones siempre son las más bonitas, canta casi igual que Eva. —¿Leslie? —inquirió viendo como la gente se ponía de pie al ver ingresar a Leslie, la morena de cabello lleno de risos y sonrisa encantadora. Vestía de n***o, y debía decir que era una mujer hermosa. Preciosa. —¡Hola mi gente bonita! —Dijo ni bien tomó el micrófono, sonrió y Andes juraría que escuchó a más de uno suspirar—. Me alegra mucho tener un público afectuoso. Hoy, recordaremos y haremos llorar un poco al corazón, pero es que no pueden negar que la música de Eva cala, tan profundo que no puedo evitar cantarla para todos. >> ¡Maestro! —la luz bajó de intensidad y se empezó a escuchar una suave melodía, pero desde que comenzó; fue triste. Andes colocó sus brazos en la mesa y se inclinó. Era un vals. Leslie se detuvo en el centro, lentamente tomó el micrófono y su mirada se volvió triste, como si esa canción que cantaría, la hacía remover recuerdos. Te llevaré conmigo A donde vaya Vivirás en mis tardes De soledad Y en mis horas más tristes Buscaré tu sonrisa Y vendrás como brisa En mi amargo penar Y en mis horas más tristes Buscaré tu sonrisa Como buscan las aves La ribera del mar Yo sé que a donde vayas Llevarás mi recuerdo Y aún en tu alegría Te acordarás de mí Pensarás en la noche Cuando tú me dijiste En nosotros no existe Ni existirá el adiós, yo sé Yo sé que a donde vayas Llevarás mi recuerdo Y aún en tu alegría Te acordarás de mí Andes apretó los labios, sin lugar a duda, ella tenía una maravillosa voz y ni qué decir de lo que trasmitía, la gente alrededor tenía la boca entreabierta, dándole el último suspiro a Leslie. Ella dio un paso adelante y prosiguió cantando, apretando el puño y pegándolo a su pecho. Pensarás en la noche Cuando tú me dijiste En nosotros no existe Ni existirá el adiós —Así que ya sabes, si tienes la dicha de tener a tus seres queridos, disfrútalos y ámalos —logró decir en la corta pausa que tuvo, luego señaló al hombre que tocaba la guitarra con melancolía. Andes aprovechó para filmar y etiquetarla, no solo él debía conocer aquella voz tan predilecta. Yo sé que a donde vayas Llevarás mi recuerdo Y aún en tu alegría Te acordarás de mí Pensarás en la noche Cuando tú me dijiste En nosotros no existe Ni existirá el adiós, yo sé Yo sé que a donde vayas Llevarás mi recuerdo Y aún en tu alegría Te acordarás de mí Ella aferró más sus manos al micrófono, la luz impactó en su rostro y Andes creyó que estaba llorando, como si realmente hubiese perdido a alguien, ¿lo había hecho? Cantó más alto, con más desgarro que provocó una corriente eléctrica en todo su cuerpo. Pensarás en la noche Cuando tú me dijiste En nosotros no existe Ni existirá el adiós Terminó la canción y quedó todo en silencio para después todos romper en aplausos, ella ahogó un gemido y Andes se mordió el labio con curiosidad. ¿Sentía la música o sentía una ausencia? —Finalmente la vida es así, pero tarde o temprano nos volveremos a encontrar, y esta vez será para siempre —dijo en un susurró y todos se pusieron de pie para aplaudir con éxtasis. ¡Madre mía! ¿Dónde había estado ella? Su voz era extraordinaria. —Ahora, les cantaré otra canción, dedicada a mi buen amigo Andes —ella señaló hacia donde él estaba, el aludido dejó de grabar y se acercó cuando Leslie pidió que se acercara—. Espero les guste, mi público hermoso. Te estoy buscando Porque mis labios extrañan tus besos de fuego Te estoy llamando Y en mis palabras tan tristes, mi voz es un ruego Leslie tomó su mano mientras cantaba, sus ojos oscuros brillaron con intensidad, se acercaba y cada oración era tan fuerte, que parecía que esa canción la hubiese escrito para él. Se sentía afortunado esa noche, solo atinaba a sonreír y apretar su mano. Te necesito Porque sin verte, mi vida no tiene sentido Y van, y van por el mundo mis pasos perdidos Buscando el camino de tu comprensión Apiádate de mí Si tienes corazón Escucha en sus latidos La voz de mi dolor Pero regresa Para llenar el vacío que dejaste al irte Regresa, regresa, aunque sea para despedirte No dejes que muera sin decirte adiós Lo último lo dijo con mucha tristeza, sus ojos se aguadaron y Andes tiró con suavidad de ella, para pegar su pecho al suyo, y ella calló, dejando que la guitarra sonara. Todos aplaudieron y ella soltó una carcajada, volvió a empuñar el micrófono, sus ojos chispearon y Andes se sintió embrujado por eso, cautivado, como un amor a primera vista. —Muchas gracias público, y muchas gracias al caballero que me acompañó con aquellos hermosos ojos —Andes sonrió recibiendo un beso de ella, él bajó y varias personas golpearon su hombro de forma amistosa, él volvió a sentarse, pidió otro trago, y luego a la pareja de al lado, pidió que le pasaran el video. Una oportunidad así no volvería a pasar, y quería guardarlo. Los dos tragos siguientes se los tomó con rapidez, no podía olvidar la sensación que Leslie le había dejado en el pecho, un hormigueó que no se iba, que no quería irse. Media hora después, ella llegó a su mesa, con un pantalón jean ajustado y una camisa blanca, su cabello suelto y esponjoso. Volvió a decir para él, Leslie era una mujer hermosa. Andes se puso de pie con rapidez, hizo a un lado la silla y la mujer con una sonrisa en la boca, se sentó frente a él. —¿Disfrutó el espectáculo, señor Andes? —ella estaba coqueteando y Andes soltó una carcajada. —Cantas maravilloso, pero eso ya debes saberlo. —Gracias, me alegra mucho que te haya gustado y te hayas atrevido acercarte —sin dejar de verlo, levantó la mano para que trajeran un trago, parecía que ambos estaban hipnotizados, parecía que así era. —¿Y dónde será nuestra cita? —Tengo un lugar perfecto para ambos. —¿Mejor que esto? —ella le agradeció a la muchacha cuando dejó su bebida, dio un sorbo y gimió. (***) Leslie parpadeó varias veces al ver el picnic que Andes había preparado en su patio, y no solo eso, sino que había un proyector atrás suyo, unas mantas y cojines. Él le pidió que se quitara los zapatos y se pusiera cómoda, ella asintió con gracia. Nunca nadie la había invitado a un picnic, mucho menos habían preparado algo así, ni tocado con tanta ternura. Andes se sentó a su lado, abrió frente a ella una botella de vino y vertió el líquido en su copa, luego se sirvió y observó cómo movía con lentitud la copa, para después olerla, sonrió y dio un trago. —Me dijiste que cuando eras pequeña veías unos dibujos con tu padre —ella se sorprendió viéndolo, él se inclinó tecleando en el teléfono, para después señalar hacia el proyector, viendo como lentamente la imagen se aclaraba. Doraemon, el gato cósmico. Ella jadeó y sin pensarlo se lanzó a sus brazos, agradeciéndole por ese detalle. Andes, ¿pero de qué libro te has escapado?
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