Andes se quedó en una esquina del bar, pidió un trago de fresas y luego se recostó para esperar que el espectáculo empezara. Era una peña criolla, todo el día se presentaban cantantes locales, había bailes, comida y bebidas, un lugar perfecto para venir un fin de semana y pasar un momento agradable.
Pero,
ahora era diferente, ya que era una cita que tendría con Leslie, pero antes
había sido invitado para que él la escuchara, ya después de eso, Andes la
llevaría a otro lugar. Tenía todo listo, así que esperaba que fuera de su
agrado.
El
grupo anterior se despidió sonriendo y la gente empezó aplaudir, él también lo
hizo, con una sonrisa por lo bonito que habían cantado en lo poco que él había
escuchado. Cuando su trago llegó, la mesera miró hacia el estrado donde un
grupo se estaba colocando, luego sus ojos brillaron y Andes la miró con
curiosidad.
—¡Es
Leslie! Sus presentaciones siempre son las más bonitas, canta casi igual que
Eva.
—¿Leslie?
—inquirió viendo como la gente se ponía de pie al ver ingresar a Leslie, la
morena de cabello lleno de risos y sonrisa encantadora. Vestía de n***o, y
debía decir que era una mujer hermosa. Preciosa.
—¡Hola
mi gente bonita! —Dijo ni bien tomó el micrófono, sonrió y Andes juraría que
escuchó a más de uno suspirar—. Me alegra mucho tener un público afectuoso.
Hoy, recordaremos y haremos llorar un poco al corazón, pero es que no pueden
negar que la música de Eva cala, tan profundo que no puedo evitar cantarla para
todos.
>>
¡Maestro! —la luz bajó de intensidad y se empezó a escuchar una suave melodía,
pero desde que comenzó; fue triste. Andes colocó sus brazos en la mesa y se
inclinó. Era un vals. Leslie se detuvo en el centro, lentamente tomó el
micrófono y su mirada se volvió triste, como si esa canción que cantaría, la
hacía remover recuerdos.
Te
llevaré conmigo
A donde vaya
Vivirás en mis tardes
De soledad
Y en mis horas más tristes
Buscaré tu sonrisa
Y vendrás como brisa
En mi amargo penar
Y en mis horas más tristes
Buscaré tu sonrisa
Como buscan las aves
La ribera del mar
Yo sé que a donde vayas
Llevarás mi recuerdo
Y aún en tu alegría
Te acordarás de mí
Pensarás en la noche
Cuando tú me dijiste
En nosotros no existe
Ni existirá el adiós, yo sé
Yo sé que a donde vayas
Llevarás mi recuerdo
Y aún en tu alegría
Te acordarás de mí
Andes
apretó los labios, sin lugar a duda, ella tenía una maravillosa voz y ni qué
decir de lo que trasmitía, la gente alrededor tenía la boca entreabierta,
dándole el último suspiro a Leslie. Ella dio un paso adelante y prosiguió
cantando, apretando el puño y pegándolo a su pecho.
Pensarás en la noche
Cuando tú me dijiste
En nosotros no existe
Ni existirá el adiós
—Así
que ya sabes, si tienes la dicha de tener a tus seres queridos, disfrútalos y
ámalos —logró decir en la corta pausa que tuvo, luego señaló al hombre que
tocaba la guitarra con melancolía. Andes aprovechó para filmar y etiquetarla,
no solo él debía conocer aquella voz tan predilecta.
Yo sé que a donde vayas
Llevarás mi recuerdo
Y aún en tu alegría
Te acordarás de mí
Pensarás en la noche
Cuando tú me dijiste
En nosotros no existe
Ni existirá el adiós, yo sé
Yo sé que a donde vayas
Llevarás mi recuerdo
Y aún en tu alegría
Te acordarás de mí
Ella
aferró más sus manos al micrófono, la luz impactó en su rostro y Andes creyó
que estaba llorando, como si realmente hubiese perdido a alguien, ¿lo había
hecho? Cantó más alto, con más desgarro que provocó una corriente eléctrica en
todo su cuerpo.
Pensarás en la noche
Cuando tú me dijiste
En nosotros no existe
Ni existirá el adiós
Terminó
la canción y quedó todo en silencio para después todos romper en aplausos, ella
ahogó un gemido y Andes se mordió el labio con curiosidad. ¿Sentía la
música o sentía una ausencia?
—Finalmente
la vida es así, pero tarde o temprano nos volveremos a encontrar, y esta vez
será para siempre —dijo en un susurró y todos se pusieron de pie para aplaudir
con éxtasis.
¡Madre
mía! ¿Dónde había estado ella? Su voz era extraordinaria.
—Ahora,
les cantaré otra canción, dedicada a mi buen amigo
Andes —ella señaló hacia
donde él estaba, el aludido dejó de grabar y se acercó cuando Leslie pidió que
se acercara—. Espero les guste, mi público hermoso.
Te estoy buscando
Porque mis labios extrañan tus besos de
fuego
Te estoy llamando
Y en mis palabras tan tristes, mi voz es un
ruego
Leslie
tomó su mano mientras cantaba, sus ojos oscuros brillaron con intensidad, se
acercaba y cada oración era tan fuerte, que parecía que esa canción la hubiese
escrito para él. Se sentía afortunado esa noche, solo atinaba a sonreír y
apretar su mano.
Te necesito
Porque sin verte, mi vida no tiene sentido
Y van, y van por el mundo mis pasos
perdidos
Buscando el camino de tu comprensión
Apiádate de mí
Si tienes corazón
Escucha en sus latidos
La voz de mi dolor
Pero regresa
Para llenar el vacío que dejaste al irte
Regresa, regresa, aunque sea para
despedirte
No dejes que muera sin decirte adiós
Lo
último lo dijo con mucha tristeza, sus ojos se aguadaron y Andes tiró con
suavidad de ella, para pegar su pecho al suyo, y ella calló, dejando que la
guitarra sonara. Todos aplaudieron y ella soltó una carcajada, volvió a empuñar
el micrófono, sus ojos chispearon y Andes se sintió embrujado por eso,
cautivado, como un amor a primera vista.
—Muchas
gracias público, y muchas gracias al caballero que me acompañó con aquellos
hermosos ojos —Andes sonrió recibiendo un beso de ella, él bajó y varias
personas golpearon su hombro de forma amistosa, él volvió a sentarse, pidió
otro trago, y luego a la pareja de al lado, pidió que le pasaran el video. Una
oportunidad así no volvería a pasar, y quería guardarlo.
Los
dos tragos siguientes se los tomó con rapidez, no podía olvidar la sensación
que Leslie le había dejado en el pecho, un hormigueó que no se iba, que no
quería irse.
Media
hora después, ella llegó a su mesa, con un pantalón jean ajustado y una camisa
blanca, su cabello suelto y esponjoso. Volvió a decir para él, Leslie era una
mujer hermosa. Andes se puso de pie con rapidez, hizo a un lado la silla y la
mujer con una sonrisa en la boca, se sentó frente a él.
—¿Disfrutó
el espectáculo, señor Andes? —ella estaba coqueteando y Andes soltó una
carcajada.
—Cantas
maravilloso, pero eso ya debes saberlo.
—Gracias,
me alegra mucho que te haya gustado y te hayas atrevido acercarte —sin dejar de
verlo, levantó la mano para que trajeran un trago, parecía que ambos estaban
hipnotizados, parecía que así era.
—¿Y
dónde será nuestra cita?
—Tengo
un lugar perfecto para ambos.
—¿Mejor
que esto? —ella le agradeció a la muchacha cuando dejó su bebida, dio un sorbo
y gimió.
(***)
Leslie
parpadeó varias veces al ver el picnic que Andes había preparado en su patio, y
no solo eso, sino que había un proyector atrás suyo, unas mantas y cojines. Él
le pidió que se quitara los zapatos y se pusiera cómoda, ella asintió con
gracia.
Nunca
nadie la había invitado a un picnic, mucho menos habían preparado algo así, ni
tocado con tanta ternura. Andes se sentó a su lado, abrió frente a ella una
botella de vino y vertió el líquido en su copa, luego se sirvió y observó cómo
movía con lentitud la copa, para después olerla, sonrió y dio un trago.
—Me
dijiste que cuando eras pequeña veías unos dibujos con tu padre —ella se
sorprendió viéndolo, él se inclinó tecleando en el teléfono, para después
señalar hacia el proyector, viendo como lentamente la imagen se aclaraba.
Doraemon,
el gato cósmico.
Ella
jadeó y sin pensarlo se lanzó a sus brazos, agradeciéndole por ese detalle.
Andes, ¿pero de qué libro te has escapado?