Andes tenía una nueva rutina, algo complicada, pero la tenía y le gustaba. Había cambiado algunos horarios en Amor por mensajería, y aunque al principio había resultado ser complicado, había podido sobrellevarlo, y lograr un punto medio donde tuviera sus tardes más ligeras y pudiera dar clases.
Al
principio sus amigos lo habían visto complicado, pero al final habían llegado a
un acuerdo, y él lo agradeció, así que ahora todo se haría más fácil y para
varios alumnos les resultó bueno el cambio.
Andes
manejó hasta la cafetería nueva donde Leslie le había dicho que estaría ahí, no
la conocía, de hecho, no había venido nunca por ese lugar. Con algo de temor
por la moto, estacionó muy cerca del local, desde adentro podía estar echándole
una mirada a la moto, y si era desconfiado, era porque era un barrio nuevo y
con aspecto preocupante, y su moto no era nada barata.
Se quitó el casco, ajustó la chaqueta porque esa mañana se sentía el viento frío,
como si estuvieran en la playa, estaba refrescando demasiado rápido esos días,
el invierno ya quería llegar, ya quería instalarse en la calurosa Piura.
Avanzó
mirando alrededor notando una que otra mirada en su moto, se detuvo con recelo
al ver un grupo de hombres señalar hacia donde estaba él. Gimió, el amor sí que
te traía por lugares peligrosos.
—Chico rico con miedo a que le roben la moto —dijo una voz a su espalda, Andes sonrió
antes de girar y ver a Leslie de pie con un vestidito de color marrón y encima
una chaqueta, bonita, como siempre—. He chicos, tranquilos, nada de mirar mucho
la moto.
—Vamos, Les, pensarán que somos choros —gritó uno causando la risa de los ojos y Andes
fingió reír, se le dio bien.
—Como si no los conociera. —replicó tomando la mano de Andes para ingresar a la
cafetería, al entrar las miradas cayeron en ellos y todos los que estaban ahí
no dejaron de saludar a Leslie, sonriéndole y luego mirando a Andes con suma
curiosidad, más bien parecía que veían un fantasma, él asintió en dirección de
cada persona.
Eligieron una mesa del centro, desde ahí podía ver la moto, Andes notó con muchos jóvenes
se acercaban para tomarse foto con la Harley mientras otros sonreían
señalándola.
—No
soy un chico rico, ni siquiera soy chico —empezó la conversación y Leslie
sonrió con gracia, sus ojos brillaron—. Vengo de un hogar humilde y todo lo que
tengo es por mi trabajo, lo cuido y por supuesto, de los robos.
—Tienes
la apariencia de alguien con dinero.
—Ah, solo la apariencia —sonrió con complicidad—. Tengo un buen trabajo y la Harley
de afuera, fue un ahorro de más de cinco años, imagina cuanto la cuido, es mi
niña.
—Un hombre que trata su moto como si fuera su niña, no sé si sea atractivo.
—Ya
moví mis piezas, querida, tú sabrás si es atractivo. —ambos soltaron una risita
y Andes se atrevió a estirar la mano para tocar la de Leslie, era suave, el
gustaba—. ¿Por qué nos miran tanto?
La
vio tensarse, luego forzar una sonrisa y su mirada vagó por todo el lugar,
pasaron largos minutos hasta que por fin ella lo vio.
—Soy
muy conocida por aquí, y verme con alguien les da curiosidad.
—¿Es
eso? —inquirió y ella asintió entrelazando sus dedos, no le creyó, pero
entendió que cada persona tenía sus miedos, así que no forzó nada, dejó que la
joven tuviera sus secretos y cuando llegara el momento adecuado, hablaría con
él.
—Hola,buenos días —la mesera llegó, les sonrió a ambos, pero sus ojos se quedaron por
un tiempo más en Andes, aunque él no lo notó, Leslie sí—. ¿Qué les gustaría que
trajera?
—Un
café con leche y pan con palta —pidió la morena con brillo en sus ojos, Andes
se recostó en el asiento viéndola.
—¿Y
usted señor?
—Me
gustaría un americano con unas tostadas de queso serrano. —la chica asintió
mientras anotaba para después irse, Andes se inclinó viendo a Leslie.
—Cuéntame,
Leslie, ¿Qué hay de ti? Quiero saber más de la chica que estoy conociendo.
—A
ver, doy clases de canto y en las noches me presento en una peña —contó—. Desde
el año pasado he estado escribiendo mis canciones, pero todavía mi carrera no
se ha impulsado como he querido, he hecho de todo, pero sigue estando en
espera.
Sus
ojos perdieron color y Andes se inclinó mirándola.
—Cantas
muy bonito y creo que la oportunidad llegará cuando menos lo esperes. Conozco
alguien que pudiera ayudarte.
—
¿Cómo?
—Hay
un cantante de Paita que está armando un grupo, como tú, canta ese género de música
—explicó—. Quiere grabar un disco, podría ser un medio para que más personas te
conozcan, y tengas oportunidades.
—¿Conoces
alguien así?
—Sí,
por supuesto —sacó su celular para buscar una foto suya y del hombre—. Anthony
Sandoval es mi amigo.
—¿Anthony
Sandoval? ¿El gran cantante? ¡Canto con Eva Ayllon! —ella dio saltitos en su
lugar y Andes sonrió por lo emocionada que se veía.
—Sí,
puedo presentártelo y tú haces la magia, dejas que te escuche y bueno veamos
que sale.
—¡Sí,
por favor!
—Magnifico.
El sábado tiene una presentación a la que mis amigos y yo estamos invitados,
¿te parece ir? —ella asintió repetidas veces y Andes volvió a tomar su mano.
(***)
—Así que estamos algo así como enamorados, ¿no? —Preguntó Gonzalo al escuchar la
propuesta de Andes, los demás lo vieron con interrogación—. Digo, había un
video donde ella te llamaba para cantarte.
—Y tú estabas feliz sosteniéndola de la cintura —dijo Amancio y Andes quiso reír
por verlos como viejas chismosas en su oficina, queriendo saber más y más.
—¡Sí hasta la pegó a su pecho y soltó la risita marca Andes! —exclamó Astor con
gracia y Andes rompió en carcajadas.
—¿Mis sonrisas tienen etiquetas? —preguntó con una sonrisa boba, los tres amigos
golpearon la mesa y largaron risas, mientras pedían más detalles.
—¿Te gusta aquella muchacha? —preguntó Astor y Andes dejó de revisar los documentos,
las próximas entrevistas que tendrían en esas semanas, debía confirmar y
revisar qué tipo de canal tenían.
—Mucho.
Mariel soltó un suspiro porque se terminó su horario, vio a Amelia un poco más apagada
de lo normal, así que fue hasta ella con un vaso de jugo de naranja, conocía la
razón del malestar de su amiga, era bastante obvio.
—¿Me dirás que pasa?
—Ya sabes, solo quieres reafirmarlo.
—¿Qué hizo Rodrigo esta vez?
—Me dijo que no vendría a Piura, que se le complicó y tuvo que cancelar el viaje.
—¿Otra vez? ¿Y cuál fue la razón ahora?
—Trabajo.
—Y tú le creíste.
—¡No tuve qué!
—Oye, no se han visto desde que se conocen, supuestamente están comprometidos, pero
no veo un anillo y menos una propuesta seria a tus padres. ¿Estás segura
respecto a él? —preguntó Mariel con tristeza y Amelia se lanzó a sus brazos,
con mucha tristeza y la joven suspiró, abrazándola con fuerza.
—No quiero equivocarme, no quiero creer que me equivoqué, realmente estoy muy
enamorada.
—¿Qué vas a hacer?
—No lo sé, Mariel, he estado pensando mucho y veré que decisión tomar.
Mariel se despidió y Amelia se fue a casa, soltó el aire contenido, cansada y viendo
su mano donde debería estar su anillo, donde él debió de haberlo puesto.
¿Estaba segura de lo que haría? No, pero, realmente lo amaba y estaba segura de
que Rodrigo también la amaba.
Escribió
con rapidez en el celular y esperó hasta que envió el mensaje.
Amelia 16:12pm
Puedo pagarte el pasaje de ida y vuelta,
pero ven.