Andes esbozó una ligera sonrisa al ver a la pequeña rubia tener las mejillas rojas y mover con nerviosismo las hojas que sostenía, los lentes caían en su nariz cubierta de pequeñas pecas. Era adorable, le producía ternura y hace mucho una mujer no causaba ese sentimiento en él. Diría que nunca había tenido ese sentimiento.
Pero se obligó a dejar de verla, mucho más cuando Mariel le estaba lanzando miras de confusión, así que solo alzó las cejas, aclaró su garganta y se centró su atención en las preguntas que harían. Le sorprendió al ver que quien los entrevistaría su prima, el día de ayer no le había dicho nada, seguramente era algo de última hora, tampoco se quejó, era agradable compartir con su prima en la radio, ella era empática.
—Hazla reír hasta que olvide que eres feo —soltó Gonzalo causando risa entre todos, sostuvo sus audífonos y miró al resto—. O como dice la canción: Mientras más feo, más hermoso.
—A ver, no, la belleza es subjetiva —Amelia se inclinó y todos los ojos cayeron en ella, pero en ese momento había dejado de ser la mujer sin filtro o la que se sonrojaba por las sonrisas de Andes—. Frente a mi tengo cuatro hombres muy atractivos, ¿de dónde sacan que no lo son?
—Creo que me he enamorado, ¿Qué opinas, Astor? —Gonzalo volvió hablar y todos sonrieron—. ¿Qué debe tener un chico para ser atractivo? Vamos, estamos hablando de un país donde la apariencia tiene mucho golpe, es la primera impresión y seamos realistas, porque me ha pasado. No era lo suficiente alto, ni lo suficiente atlético, y por supuesto tampoco tenía la mejor boca, te haría una lista de los insultos que acompañaban los rechazos.
—¿Te consideras un feo, Gonzalo?
—Me considero un hombre con intelectual alto que podría hacer que las mujeres olviden que tengo labio leporino —esbozó una sonrisa bonita, al menos para Amelia.
—¿Y ustedes, muchachos?
—La pregunta ofende —soltó Astor y todos rieron—. Dejándonos de bromas, represento al cincuenta por cierto del peruano llamado narizón, aunque de chico fue un trauma muy marcado por los insultos, ahora de grande me siento orgulloso de ella y de haberla heredado de mi querido padre.
—¿El ser narizón te impidió tener novias, Astor? —preguntó Amelia y el hombre la miró.
—Por supuesto, muchísimo. Las chicas no querían salir con el narizón del salón, algunas hacían bromas diciendo que mi gancho las lastimaría o que sus hijos no podrían con el peso de una nariz prominente.
—¡Los adolescentes suelen ser crueles! —se lamentó Amelia viendo a Astor sonreír, recostado en el sillón con aquella marcada nariz pero que ahora solo lo hacía más guapo. El cabello corto, ojos profundos y sonrisa coqueta, seguramente aquella que lo había rechazado, ahora se arrepentían—. ¿Amancio, Andes?
—A que palo te recuestas, muchacha —Amancio jugó con el reloj para después inclinarse y hablar con claridad—. Yo era el alto de mi salón, pero también el más delgado. ¿Se acuerdan de la canción Palo, palito? Pues cada que entraba al salón, me la cantaban. Era el inglés peruano, como me decían, pero ellos lo utilizaban como insulto.
—Cuantas veces no hemos hablado sobre la importancia de tener un psicólogo en los colegios, esto evitaría el maltrato hacia los alumnos. —Señaló Mariel—. ¿Andes?
—Ah, era del mismo grupo, así que a todos nos caía el guante de feos —sonrió de manera picara y sus amigos rieron—. Yo era el jorobado de Notre Dame, por supuesto, ni sabían quién realmente era. Pero fueron ingeniosos cuando la chica bonita del salón me rechazó y justamente se llamaba Esmeralda.
—¡Sí que fue duro! —Exclamó Mariel—. ¿Fue en esa época que decidieron poner Amor por mensajería?
—Algo así —los cuatro amigos se miraron y compartieron media sonrisa—. No teníamos pareja para graduarnos, nadie quería serlo, así que pensamos en algo.
—Mentira —interrumpió Gonzalo a Andes—. Fue Andes quien vino con la idea y aquí nos tienes.
—¿Cómo fue? —preguntó Amelia y los ojos de Andes cayeron en ella por largos segundos, luego él parpadeó y volvió la mirada hacia sus amigos.
—Estábamos en el mismo bar de siempre, desesperados por llevar una pareja a la graduación —explicó Andes y sus amigos lo miraron atentamente sin perder la sonrisa—. Así que dije, ¿Por qué los feos no nos unimos por la misma causa?
—Andes propuso que nos uniéramos, varios muchachos que eran rechazados y enseñaran sus cualidades a los otros. Estaríamos preparados en todo, desde el baile hasta recitan un buen poema de Jaime Sabinas.
—¿Resultó? —preguntó Mariel y todos la miraron, ella había estado ahí, claro que sabía esa historia.
—Fue la mejor aventura de fin de año, unas parejas que hasta ahora mantenemos en contacto, y por supuesto, nos dio más seguridad. Lo que empezó como una salvación para nuestro último año de secundaria, terminó siendo un proyecto que ayuda a muchas personas, no solo para conseguir una pareja, sino para amarse a sí mismo y darse cuenta de que, el físico no lo es todo.
—¿Qué dirían a todas esas personas que se miran al espejo y no se sienten hermosos? —Amelia dirigió su última pregunta y los cuatro amigos se miraron por largos segundos, para después Astor tomar la palabra.
—El físico se acaba, los valores, la forma de amar y lo buena persona que eres, nunca. Somos un libro, juzgados por la portada y sin que nadie note la hermosa historia que llevamos tatuada en la piel.
—¡Gracias muchachos! —Mariel terminó la entrevista—. Eso fue todo y nos despedimos de Gonzalo, Andes, Amancio y Astor. ¡Muchas gracias por darnos unos minutos de su ajetreada agenda!
—A ti, Mariel por la oportunidad y por supuesto a la amable Amelia. —Gonzalo agradeció—. Queremos invitarlos a ver el programa Ojo con Katy, hoy a las trece horas.
—¡Tienen hoy una cita, mis queridos oyentes!
(***)
Habían terminado de almorzar algo rápido en un restaurante cerca del canal y ahora Astor manejaba en dirección al lugar. Algo de música para aligerar el ambiente, mientras atrás Amancio y Gonzalo como siempre, peleaban.
—Relaciones públicas, ¿Cómo nos irá hoy? —Astor sonrió después de decir esas palabras.
—Terriblemente, la mujer que está ahí resulta que fue nuestro mayor crush —Todos se quedaron en silencio—. Estaba en segundo año de universidad, parecía un hada cada que bajaba las escaleras, ¿se acuerdan?
—¿Alejandra Ramos?
—¿Cómo sabes?
—¡No pienso ir!
—A ver, ya no somos unos adolescentes y tú Gonzalo, cumplirás cuarenta —Andes murmuró quitándose los lentes y aprovechando que Astor estaba detenido por el semáforo, se colocó los lentes de contacto, pestañó varias veces y después guardó la caja junto con sus lentes—. Ayer me enviaron todos los detalles y quien ha ingresado al canal es ella, así que su debut será con nosotros.
—¡Maldición! —Amancio pasó sus dedos por su rostro en repetidas ocasiones—. ¿Se acordará de nosotros?
—Lo dudo. Así que mantengamos la calma.
—¿Se habrá casado? —Astor inquirió poniendo el carro en marcha, todos negaron ante esa pregunta. Si, su amor de universidad, Alejandra Ramos.
Aparcaron la camioneta, Andes mostró el permiso y después de largos minutos lograron entrar al canal, fueron preparados para entrar en el siguiente segmento, les pusieron los micrófonos y luego pasaron por maquillaje. Estaban ansiosos, ahora que Amor por mensajería había crecido mucho más, estaban en el ojo de todos los canales, y más ese.
Después de estar en silencio en un pequeño salón, los fueron a buscar, se lanzaron una mirada inquieta para después ingresar con media sonrisa en la boca, saludando a las entrevistadoras y finalmente saludar a su crush de universidad, pero ellos actuaron como si recién la conociera, alejando su actuar de adolescente reprimido que aun babeaba por aquella hermosa mujer.
—¡Bienvenidos, Gonzalo, Amancio, Astor y Andes! —La conductora saludó con una sonrisa dibujada en los labios, las veces que Amancio la había visto en televisión, se preguntaba si era falsa—. Curiosos nombres, ¿hay una historia tras de ellos?
—Por supuesto, yo paso, el mío es el más normal. —dijo Gonzalo causando una risa en las entrevistadoras y en sus amigos. A veces le tocaba ser el payaso, y vamos, era un papel que le gustaba.
—Amancio, mis padres dijeron que era muy popular cuando nací, pero la verdad, es que fui el único que tuvo el honor de poseerlo —bromeó sentándose correctamente y cruzando la pierna, Alejandra esta vez tomó el micrófono, ya que sería ella quien los entrevistaría.
—¿Qué hay de ustedes, muchachos? —los dos mejores amigos compartieron sonrisa.
—Nuestras mamas son mejores amigas, así que cada una le puso el nombre al hijo del otro —contó Andes—. La mamá de Astor me puso Andes, por la Cordillera de los andes y con el significado de Montaña que ilumina.
—¡Qué bonito!
—Y la mamá de Andes me puso Astor, un nombre ingles con variante, de ahí viene el significado de Sea como Dios —explicó el hombre pasando su mano por su corto cabello.
—¡Tremenda imaginación! ¿Siguen siendo mejores amigas? —preguntó Alejandra y los cuatro tuvieron que comportarse para no babear ahí mismo.
—Por supuesto, junto con las mamas de Amancio y Gonzalo, tiene su día donde nadie debe molestarlas.
—¡Qué bonito! Cuatro amigos, cuatro historias y un solo motivo. —La conductora principal, Katy, habló.
—Ustedes cuatro son los dueños de Amor por mensajería, ¿Cuándo empezó este juego que llevó a ser un negocio tan prospero?
—Y bueno, empezó como una solución desesperada que nos ayudó muchísimo —explicó Amancio—. Empezó cuando teníamos dieciséis años y ahora estamos pisando los cuarenta.
—¡Es toda una generación! —Alejandra celebró y los cuatro hombres sonrieron sin poder evitarlo.
—Ustedes venden un producto que da soluciones a las personas que no encuentran el amor en sí mismo y mucho menos en otras personas —Katy comentó y los cuatro trataron de relajarse ante lo que dijo—. Si el algoritmo funciona, ¿por qué los creadores siguen solteros? ¿A caso es un negocio que vende mentiras?
Maldición.
Los cuatro trataron de que ella no notara lo inquietos que se habían puesto, y aunque sabían que en aquel programa tenían que ir con cuidado, no pensaron que les lanzarían una bomba tan rápido y de tal magnitud.
—Katy, recién empezamos y ya nos atacas —Gonzalo acompañó la oración con una risita que provocó las carcajadas alrededor.
—Cuatro hombres adultos sintiéndose atacados, ¿pido disculpas? —la mujer fingió una sonrisa y los hombres no duraron en reír con falsa gracia.
—Para nada, Katy. Respondiendo a tu pregunta, los cuatro nos hemos dedicado a levantar lo que empezó como una ayuda para los cuatro, a serlo para muchas personas —explicó Andes recostándose en el sillón, colocó la palma de mano en su mejilla—. Nos olvidamos de encontrar el amor, es lo que sucede cuando te enfocas en levantar un negocio y que tenga sus frutos.
Cauteloso, los otros tres amigos agradecieron por la intervención de Andes.
—Entiendo, hombres atractivos ¡chicas, pónganse alerta! —nuevamente compartieron risas fingidas, parecía que ese programa se trataba de eso—. Ya que ustedes venden un producto, ¿Qué tal si uno de ustedes no prueba el producto?
Caramba.
—¿Acceder a la aplicación y tener citas? —Astor preguntó y los ojos de la entrevistadora brillaron.
—Por supuesto, es una manera de probar que su producto funciona.
— ¡Andes será el alumno! —los tres amigos dijeron al unísono y el aludido miró a los tres, desequilibrado por lo que dijeron, balbuceó y luego forzó una sonrisa.
— ¡Solteras de Piura, desde hoy Andes se encuentra disponible para tener una cita!
Maldición.
Doble maldición.