CAPÍTULO CUATRO: TORTA DE CHOCOLATE

1752 Palabras
Los cuatro amigos estaban sentados en el bar de siempre, Don c***o se había ido hace una hora porque debía revisar el otro restaurante que tenía. Habían pedido un chilcano y un ceviche de caballa, habían comido en silencio e incluso repetido, pero nadie hablaba, aquello comenzaba a poner nervioso a Andes. Habían salido del canal hace como dos horas, después de incomodas preguntas que supieron responder, habían aceptado el reto y en pocos minutos, varios canales televisivos estaban haciendo una nota sobre eso. Esa misma noche, Andes Merino estaría disponible en la aplicación para salir con la chica que hiciera conexión, ¿Qué cómo se sentía? Muy nervioso, angustiado incluso. Dio un sorbo a la chicha de Jora y después miró a sus amigos, quien estaban apenados ¡y cómo no! Los tres sin pensarlo habían dicho su nombre, saliendo ellos bien librados de todo. Quiso quejarse como niño pequeño, pero ya no lo era, y tal vez era una oportunidad para salir y conocer al amor de su vida. Quién sabe. —Por el siguiente mes, los tres pagaran mis comidas. —¿Qué? —exclamaron los tres perplejos, Andes se recostó en la silla y una sonrisita escapó de sus labios. —¡Estoy salvando sus viejos traseros! Dijeron mi nombre, ni siquiera preguntaron, ahora estaré en muchas citas sin que yo lo haya pedido —fingió molestia y los tres lo miraron apenados. Bien, estaban a punto de caer. —¿Un mes dices? —Astor no tuvo más remedio que aceptar, los otros dos no estaban convencidos, su amigo era de diente peligroso. Comía mucho, los dejaría pobres. —Un mes, agregando los desayunos —señaló y los vio dudar, así que fingió estar mucho más molesta, los escuchó suspirar y asentir—. No escuché. —Aceptamos pagarte las comidas por todo el mes. —Perfecto. Ahora sí, ¿pedimos un postrecito? —soltó una suave carcajada y los tres amigos se quejaron, pero lo dejaron pedir un postre, su favorito: Champú de piña. Después de comer, los otros pagar, por fin se fueron a la casa de Andes, ya que desde ahí harían todo, aprovecharon la tarde para estar en la piscina de su amigo, y aunque las mañanas eran frías, las tardes eran muy calurosas. Estuvieron por largo rato, incluso haciendo competencia, riéndose y lanzándose al agua. ¿Quién dice que el niño interior a veces no quiere escaparse y soltar carcajadas? Así que ellos buscaban la oportunidad para que su niño interior corriera, brincara y fuese feliz. Sentados en el suelo, con los pies colgando y tocando el agua, fue Amancio quien tomó el celular de Andes, bajó la aplicación e ingresó los datos, con el cogido que tendría. —Empecemos —se pusieron de pie y fueron hacia la mesa que estaba con cuatro cervezas y un piqueo, se sentaron y Andes tomó su celular. —¿Qué foto debería colgar? —esta vez quien tomó el celular, fue Gonzalo. Buscó en la galería de fotos y de las pocos que encontró, una gustó. Andes amaba andar en motocicleta, usar su chaqueta de cuero que le regaló Astor y viajar por los pueblos, esa que él había seleccionado, se veía bien. Estaba frente al mar, al costado la moto y estaba riendo a carcajadas, si mal no recuerda, era porque Amancio había sido picado por una raya, así que ese era el motivo de las risas. Se veía bien, perfecto para obtener citas. Mostró la foto y todos asintieron, cuando llegó nuevamente el celular a las manos de Andes, hizo una mueca. Se veía muy abandonado por dios, todo desparramado, era alto y cuerpón, pero el caminar así, lo hacía ver todo lo opuesto. —Te ves guapo, mi amor —bromeó Astor recostando su cabeza en su hombro, los amigos rieron mientras Andes empujaba al payaso y tomar esa foto para su perfil, antes de rellenar los otros datos, fue Astor quien tomó el celular. —Ahora vamos a llenar tu biografía —Astor empezó a escribir y después leyó en voz alta para que todos escucharan—. Soy Andes Merino Vélez, tengo 36 años y soy del signo de Sagitario. Soy fanático de las motocicletas, los fines de semana me escapó a conocer un pueblo y disfrutar de sus riquezas. >> Soy psicólogo y también me encargo de las relaciones públicas de una pequeña empresa, pero aparte soy buen cocinero, preparo los mejores platos fríos y por ahí bailo algo de salsa. Si quieres conocerme más, escríbeme y pregúntame. —Creo que lo último está de más —se quejó Andes y los otros dos amigos lo apoyaron. —Yo también creo eso, ya está de más y no va con Andes —apoyó Amancio y Gonzalo alzó las manos mientras se metía chifles a la boca—. Omite eso. —Aburridos —murmuró Astor dándole aceptar a esa información—. ¿Qué buscas? Todos lo miraron y éste soltó una carcajada. —Te estás divirtiendo, ¿no? —inquirió el morocho acomodándose los lentes en la nariz. —Ya voy a pagar la comida, tengo derecho a divertirme. —Bien, bien, ¿qué más falta? —Andes tomó el celular para revisar toda la información, al ver que no faltaba nada una sonrisa tiró de sus labios. Completado. —Creo que ya puedes buscar las citas. —Gonzalo le dijo en un susurro, todos se miraron, ellos nunca probaron el producto, personas cercanas sí, pero ellos siempre ponían la excusa de que estaban muy ocupados por una relación, pero la verdad es que tenían miedo al resultado, así que no lo habían intentado. Esa noche sus amigos se fueron, él decidió no entrar a la aplicación y se dedicó a limpiar su casa, lavar y ponerse a hacer ejercicio. Cuando terminó, estuvo listo para darse una ducha y bañarse. Una hora metido en la tina, leyendo para después salir y lanzarse a la cama desnudo, cansado. Sí, los días eran cansados últimamente, y el fin de semana pasado no había hecho uno de sus viajecitos porque fue el cumpleaños de su padre, así que había estado en casa de sus padres, bailando y tomando. No había podido librarse de las preguntas incomodas de sus tías y primas, aunque las primeras ya eran viejitas para escuchar o saber de la vida de los demás, parecía que no perdían cuenta de quien seguía soltero. Andes era de la primera tanda de sobrinos, de los mayores, y era el único soltero de ese grupo, hasta su primo, el más joven y de dieciocho; ya tenía hijo. ¡Él seguía siendo soltero! No importaba, el amor no se forzaba y ya llegaría, tarde o temprano. Esperaba que temprano, porque a ese paso, llegaría cuando él pisaba los sesenta. Se puso de pie, tomó unos pantalones cómodos, apagó todas las luces y fue directo hacia la cama. Tomó el celular, fue directo al grupo que tenía con sus amigos, sonrió al ver los mensajes. Amancio 10:43pm Eh, don Juan, ¿Cuántos mensajes has recibido? Gonzalo 10:50pm Mandó un stikers. ¡Andes, manda capturas! Astor 11:00pm Dejen al señor Andes, seguramente ya intercambió números y nosotros aquí molestando. Sonrió ante los mensajes, tecleó y mandó: Andes 11:15pm Ningún mensaje, tal vez no soy lo suficiente atractivo. Astor 11:15pm ¡Patrañas! Ve a la casilla y revisa. Amancio 11:17pm Ya tendrás suerte la próxima. Gonzando 11:20pm Creo que es turno de Astor para probar. Negó con media sonrisa en los labios, se acomodó en la cama y entró a la aplicación que se había terminado colgando, esperó y vio por encima como llegaban los mensajes de sus amigos, molestándolo y lanzando aquellas imágenes sucias que Gonzalo los robaba de los grupos con sus otros amigos. En cada grupo de amigos, siempre hay uno así, al menos pone limón en la relación. Volvió a cargar la aplicación y por fin abrió, entreabrió los labios al ver la cantidad de solicitudes de mensajes que tenía. ¡Madre mía! ¿De dónde salieron tantas? Revisó la cantidad de mujeres que le habían mandado mensajes, y todas no solo lo habían saludado, dado estrellita, sino también escrito cosas. Tomó algunas capturas y luego las mandó al grupo, terminó mandando más de siete imágenes, esperó y vio como escribían, se detenían y hacían más largo el dilema. Gimoteó y por fin contestaron, fue Gonzalo mandando un gatito con las manos en el rostro y que decía Omg, A veces era un completo idiota. Sonrió por las imágenes, una más graciosa que la anterior. Amancio 11:30pm. Conté más de treinta, ¿es verdad lo que ven mis ojos? Astor 11:31pm ¡Eso don Juan! ¡Estás solicitado! Gonzalo 11:35pm ¡Has ranqueado, hermano! Andes 11:37pm ¡Son muchas, no puedo creerlo! Astor 11:37pm Tranquilo hermano, que no se te suba la fama a la cabeza. Gonzalo 11:49pm ¿Vamos a tu casa para ver las candidatas? Andes 11:51pm Ni hablar, cada uno en su casa, mañana les cuento como me fue. Astor 11:52pm Hermano, suerte eh y por favor, se un poco difícil. Negó y ya no les contestó. Fue directamente hacia la aplicación, empezó abrir los primeros mensajes, contestándolos, algunas respondían muy rápido, pero quería responder a todas. Cuando terminó, eran pasadas de la una, bostezó y cuando iba a cerrar la aplicación un nuevo mensaje llego, quiso responderle, un ratito más. Maira. ¡Por fin! Pensé que nunca me contestarías, ¿Cómo estás? Andes. Lamento la tardanza, estuve bastante ocupado. Estoy bien, ¿Qué tal pinta tu noche? Maira. Recién saliendo del trabajo, estoy exhausta. Andes. ¿Recién? Es bastante tarde. ¿En qué trabajas? Maira. Algo tarde, ya sabes, a esta hora mi carruaje se convirtió nuevamente en zapallos. Trabajo en una discoteca y todos los días está llena. Andes. Ah, la Cenicienta. ¿Qué hay de los tacones de cristal, puedo ir y encontrar uno? ¿En qué discoteca? Maira. No he podido dejar tirados los tacones, soy una mujer que se maneja muy bien con ellos, así que he corrido con ellos puestos jajaja. En Mirador, ¿la conoces? Andes. Ah, una mujer que no se saca los tacones, tengo que verlo. Ah, sí la conozco, es donde presentan un cantante por la semana, ¿no? Maira. ¡Sí! El más solicitado, deberías venir y no sé, podríamos tomar una copa. Andes. ¿Me invitas tú a tomar? Maira. ¿Y por qué no?
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