Antoni tomo el cuello de Mia para levantarla de lavabo mientras continuaba moviendo sus dedos contra el punto más sensible de su intimidad, quería ver su rostro reflejado en el espejo, cada expresión, cada mueca de placer que le estaba causando necesitaba verla para saber si estaba haciendo un buen trabajo, aunque cuando Mia comenzó a gemir sin pudor ninguno supo que iba por un excelente camino para llevarla al punto máximo del placer, ella comenzó a mover sus piernas mientras sus ojitos se desorbitaban y su boca se quedaba abierta con cada gemido que estaba dando. Antoni movió sus dedos de una forma más lenta y entonces se atrevió a tantear suavemente, presionando de a poco consiguió ingresar el dedo anular en el interior de Mia quien soltó el gemido placentero más hermoso que pudo haber

