Capítulo 2

833 Palabras
POV Sophie Me quedé mirando el sobre durante varios segundos. No sabía qué era más extraño. Que alguien hubiera dejado aquello dentro de mi apartamento… O que supiera mi nombre. Lo sostuve entre los dedos y lo giré. Nada. Ni una dirección. Ni un remitente. Ni siquiera una pequeña marca que pudiera indicarme de dónde había salido. —¿Qué demonios…? Lo acerqué un poco más a la luz. Seguía sin tener sentido. Lo primero que pensé fue que podía tratarse de alguna publicidad extraña. Alguna de esas campañas que intentaban llamar la atención utilizando sobres misteriosos. Aunque era bastante raro. Dejé el sobre sobre la encimera. Di un paso hacia atrás. Lo miré. Volví a acercarme. —No voy a abrirlo. Me crucé de brazos. Cinco segundos después, ya lo estaba tomando otra vez. —Genial, Sophie. Excelente autocontrol. Pasé el dedo por uno de los bordes. Estaba perfectamente sellado. Tampoco parecía haber sido manipulado. Mi primera opción fue llamar a alguien. ¿A quién? Miré mi teléfono. No tenía demasiadas personas a las que pudiera llamar a las diez de la noche para decirles: Hola, alguien dejó un sobre n***o con mi nombre dentro de mi apartamento. Probablemente pensarían que estaba loca. Suspiré. Finalmente, tomé un cuchillo pequeño de la cocina. Lo apoyé contra el borde del sobre. Antes de abrirlo, mi teléfono vibró. Di un pequeño salto. Miré la pantalla. Número desconocido. Fruncí el ceño. Contesté. —¿Sí? Silencio. —¿Hola? Nada. Solo podía escuchar una respiración muy leve al otro lado. Esperé unos segundos. —¿Señor? La llamada terminó. Bajé lentamente el teléfono. Quizás se habían equivocado de número. Eso tenía mucho más sentido que cualquier otra explicación. Miré nuevamente el sobre. —Mañana. Lo dejé sobre la encimera. No tenía cabeza para resolver misterios aquella noche. No abrí el sobre esa noche. Lo guardé en el cajón de mi mesita de noche y me prometí que por la mañana decidiría qué hacer. No dormí demasiado. Cada pequeño ruido del edificio conseguía despertarme. El ascensor. Una puerta cerrándose. Pasos en el pasillo. Incluso el ruido de un automóvil pasando frente al edificio conseguía que abriera los ojos. A las tres de la mañana terminé mirando el techo. —Esto es ridículo. Me giré hacia el otro lado. Intenté convencerme de que seguramente había una explicación para todo aquello. Quizás alguien se había equivocado de apartamento. Quizás el sobre ni siquiera era para mí. Aunque mi nombre estaba escrito en él. Suspiré y cerré los ojos. Por ahora, prefería no pensar demasiado en ello. A la mañana siguiente, el sobre seguía en el cajón. Yo seguía viva. Así que decidí que probablemente estaba exagerando. Tomé una taza de café y me senté frente a la encimera. Mi teléfono comenzó a llenarse de notificaciones. Mensajes. Redes sociales. Correos. Nada importante. Hasta que apareció una publicación. Me quedé mirándola. Era una fotografía de una reunión. Reconocí a varias personas inmediatamente. Antiguos compañeros de secundaria. Alguien había publicado una fotografía de una cena. Victoria aparecía en el centro. A su lado estaba Adrian. Más atrás reconocí a Lucas y a Nathan. Deslicé hacia la siguiente fotografía. Chloe. Sonreí sin querer. Chloe seguía exactamente igual. En secundaria tenía una facilidad increíble para meterse en conversaciones en las que nadie la había invitado a participar. Y, por alguna razón, siempre conseguía salirse con la suya. Continué mirando. Entonces apareció otra fotografía. Ethan. Otra vez. Esta vez estaba con un grupo de personas que no reconocía. Me quedé observándolo unos segundos. No sabía por qué. Quizás porque había algo extraño en volver a ver rostros que pertenecían a una etapa de mi vida que creía completamente olvidada. Bloqueé el teléfono. No quería pensar en la secundaria. No había nada interesante allí. Al menos eso creía. Me levanté para lavar la taza. Entonces escuché un sonido. Toc. Me quedé quieta. Miré hacia la puerta. Silencio. Toc. Toc. Alguien estaba llamando. Caminé hasta la entrada. No abrí inmediatamente. Miré por la mirilla. No había nadie. Esperé unos segundos. Nada. Finalmente abrí. El pasillo estaba vacío. Bajé la mirada. Había un sobre en el suelo. Negro. Exactamente igual al de la noche anterior. Fruncí el ceño. Me agaché lentamente y lo recogí. Esta vez no había ningún nombre escrito. Solo una frase. En letras blancas. «No todos olvidaron.» Me quedé mirando aquellas palabras. No entendía qué significaban. Quizás era una broma. Quizás alguien había dejado el sobre equivocado. O quizás simplemente se trataba de alguna invitación extraña. Volví a mirar el pasillo. Seguía vacío. Cerré la puerta. Con el sobre todavía entre mis dedos, caminé hasta la cocina. Lo dejé junto a la taza de café y me quedé observándolo. No sabía quién lo había enviado. No sabía por qué había dos. Y, sobre todo, no entendía qué tenía que ver conmigo aquella frase. No todos olvidaron. La volví a leer. Esta vez, algo en aquellas palabras me resultó extrañamente familiar. Pero no conseguía recordar qué.
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