Capítulo 5
Ella
Viktor
Nunca me ha gustado esto de estar infiltrado, no porque no pueda hacerlo, sino porque sé a donde me estoy metiendo, sé con quienes lidiaré, y me es difícil contenerme cuando estoy cerca de Berks, el muy hijo de perra se cree mucho, cuando no le llega ni a la mierda de los perros.
Ando con un traje n***o como cualquier otro, con una camisa de botones gris, pero tuve que usar unos anteojos que me hicieran ver diferente, a parte de llevar un jodido peluquín de color n***o, lo que me hace ver con la piel mas clara de la que la tengo.
Me paseo por el lugar detallando quienes están aquí, y puedo ver a un par de aliados, así como enemigos. Mi familia no fue invitada porque no somos tan parte de este territorio como lo es el puto de Berks, a ese cabrón casi le lamen los pies solo por un poco de atención.
Ruedo los ojos cuando veo al imbécil que no quiso hacer negocios con nosotros del todo, solo para lamerle las bolas a mi enemigo. Los veo interactuar y me bebo el liquido del vaso de Whisky viendo esa sonrisa hipócrita.
Podrá ser muy mediador, pero el idiota sabe de donde recostarse, sabe que Berks siempre le conseguirá las mujeres que le pida, las drogas y lo que sea. El muy imbécil es capaz de vender a la propia hija con tal de obtener lo que quiere.
Me voy de allí antes de que pierda la paciencia y le vaya a torcer el cuello, paso cerca de la terraza buscando mi objetivo, uno de los hombres que se que me está fallando, es un maldito doble cara que cree que tengo cara de pendejo.
Cuando por fin lo consigo, otra cosa llama mi atención, una preciosa chica que, a pesar de que se ve bastante joven, me parece una belleza exuberante.
Está escondida detrás de una estructura de la casa mirando hacia un extremo, volteo mi rostro para averiguar de que se esconde tal belleza, y veo a dos idiotas desesperados en busca de lo que se supone es ella.
Cuando nuestros ojos se encuentran, su rostro entra en una diversión que me consterna, y por un momento creo que me reconoció y me delatará, pero no, de manera increíble se lleva su dedo índice a sus sensuales labios en una señal de silencio y yo asiento con una sonrisa por tal descaro.
—¡Tú!— escucho una voz detrás de mi que me hace voltear, es uno de los hombres que busca a la chica —¿Has visto a una muchacha de vestido rojo? Es joven, estoy seguro que estaba por aquí.
—Quizás— contesto mirándola de reojo que me fulmina con la mirada y quiero reírme por su niñería —creo que se fue por la alberca— señalo la piscina que está detrás de las puertas.
Ellos asienten y apenas salen, ella cierra la puerta para que no vuelvan a entrar, se apoya de ella y cierra los ojos soltando un bufido
—¡Vaya, vaya!— abre los ojos mirándome —parece que alguien se está divirtiendo.
Se cruza de brazos desafiándome, y tengo que reconocerlo, me excita que sea tan descarada. La mayoría de las mujeres que he visto en esta fiesta de mierda, lo que hacen es bajar la cabeza, porque saben que la mayoría de los que están aquí son hombres peligrosos, en cambio esta chiquilla es altanera y decidida. Mi polla salta solo con imaginar como será en la cama.
—¿Qué?— se para con la espalda recta ante mi y el escote se sobresale con eso, haciendo que mi vista recaiga en ellos —¿Me acusarás con mi padre?— pregunta y frunzo el ceño sin saber quien carajos es esta leona, al parecer se da cuenta que se relaja y suelta una carcajada —vaya que me sorprendes, ¿No sabes quien soy, verdad?
Me quiere poner en mi lugar, pero no la dejaré. Parece que está leona necesita que le enseñen de modales y que la pongan en su sitio.
—La verdad es que no se quien carajos eres— me encojo de hombros —tampoco me importa saber sobre los niños de la fiesta— quiero reírme con la cara que pone, su frente está tan contraída por la ira y el desafío que me provoca pasar mis dedos para suavizarla. Su boca está entreabierta por la indignación y solo aguanto la risa
—¿Niña? No soy ninguna niña. Tengo…— sacude la cabeza como si acabara de reaccionar —la verdad es que no te importa que edad tengo, capaz y seas uno de esos que vende mujeres— la sonrisa de suficiencia que me da, me hace saber que demostré la ofensa en mi rostro
—Por favor— contraataco con sarcasmo —Eres demasiado fea como para venderte.
Abre la boca ofendida y sorprendida por mis palabras y es inevitable que me eche a reír. Cuando está por responder se escucha la voz de Berks y Berthran, lo que hace que la leona frente a mi me empuje a una puerta detrás de mi que ni siquiera había visto.
El espacio es pequeño y apenas iluminado por una ventana, me golpeo la espalda con algo que no sé que es, visualizo el lugar y creo que es para guardar los productos de limpieza, porque hay escobas, esponjas y diferentes toallas pequeñas.
Quedamos tan apretados uno frente a otro que el olor a fresas que desprende de su cuerpo llega a mis fosas nasales, haciéndome aspirar más y cerrar los ojos.
—ya ha tardado demasiado— la voz de Berks es la que suena —sabe que debe presentarse, si me llega a dejar mal, mataré a todo aquel que dejé a su cargo.
El cuerpo de ella se tensa por fin, pero permanecemos en silencio. Me pregunto ¿de quién estará hablando? ¿será de algún socio? Ese bastardo mata a quien sea que no le cumpla.
—Tranquilo hombre— Berthran como siempre saliendo a apaciguar lo que sea —Ya verás que debe estar por ahí dando una vuelta, quizás se perdió, esta casa es bastante grande— la voces suenan cada vez mas lejos.
La respiración de ella es acelerada y me pregunto si es que tiene miedo o sufre de claustrofobia, lo que si estoy tratando de hacer es controlarme, porque en su subir y bajar de pecho, me roza con sus pezones y no quiero tener una erección que se que sentirá enseguida por lo pegado que están nuestros cuerpos.
Ahora que la tengo así de cerca puedo detallarla mejor, y me quedo corto con decir que es preciosa, ella es una belleza de mujer, aunque le haya mentido diciendo que es fea. Su piel blanca resalta con la luz de afuera, su cabello oscuro es brilloso y esas ondas me hacen querer meter mis dedos en ellas para acercarla a mi y probar esos labios carnosos.
¡Y esos ojos! Habia visto todo tipo de ojos, pero los de ella, esos ámbar tienen un delineado que da a amarillo y le hace quedar perfecto el apodo que le tengo. Porque parece una leona cuando ataca, pero también en su estado pacifico.
Su mirada se encuentra con la mía y la respiración que yo creí acelerada, no se le asemeja con la de ahora, y de repente siento que me falta la mía. Su boca se entreabre y cuando quiero probarla, sus ojos se abren como platos haciéndome fruncir el ceño.
—¿No es que te parecía fea?— su cara se recompone y ahora una sonrisa de engreída tienen sus labios —porque tu amigo parece pensar lo contrario— me señala la prominente erección que ahora tengo
¡Carajos! ¿acaso no podré controlarla nunca? ¿Por qué será que no compagina con mi razonamiento? Pero no quedaré como un idiota con ella
—es una reacción normal si me pegas esas tetas que andas mostrando por todos lados.
Su cara se contrae en rabia y se vuelve a erguir, pero muy cerca de mi para enfrentarme
—¿Qué te crees imbécil? Yo me visto como se me da la gana— su aliento es cálido y huele a soda de cola —y lo que hice fue salvarte el culo, porque si mi padre se entera que ando con un hombre solo hablando, te manda a cortar ese amiguito que se emociona con mi presencia, aunque no quieras admitirlo.
La agarro de la nuca y la Atraigo para besarla, al principio no se esperaba eso, pero luego se relaja en mis brazos y me rodea el cuello pegándose a mi. Tomo su cintura para que sienta mi erección con mas ganas, lo que hace que suelte un jadeo tímido que me eleva mas mi erección.
Disfruto del beso por unos segundos igual que ella, su aliento es dulce y sus labios suaves. Está haciendo que me vuelva adicto a ella, a su cuerpo y a su olor, pero los gritos de afuera en la alberca, nos hace reaccionar.
Cuando se separa está aturdida procesando lo que pasó, es que ni yo sé porque lo hice.
—escóndete de nuevo allí— señala la puerta detrás de mi —no quiero que haya un muerto hoy por mi culpa de nuevo— cuando camina hacia la puerta para abrirle a sus hombres, se detiene un momento —Y no creas que esto me gustó— señala sus labios para referirse al beso —solo quería probarte que no era ninguna niña, no creas que se repetirá.
Esta leona seguirá defendiéndose de mi, sin aceptar que le gustó el beso tanto como a mi
—no tenias que probarme lo que es evidente, niña— le recalco la palabra y se enfurece —ahora abréle a tus niñeros que tu papi debe estar preocupado.
Me gruñe y estoy seguro que debe estar por lanzarse para atacarme, pero cuando está por responderme, los hombres del otro lado vuelven a gritar y ella no le queda de otra que darse la vuelta y a mi que hacerle caso e irme de allí.
No me esconderé como un puto crío, tampoco soy un cobarde, no me importa que me vean, sé defenderme, por eso doy la vuelta en la esquina y me vuelvo a mezclar con todos, espero no volverme a cruzar con esa chiquilla. Me saca de mis casillas.
Al llegar a la sala vuelvo a encontrar al hombre que buscaba y me voy detrás de él sin que note mi presencia, solo es cuestión de una oportunidad, solo una, si no la aprovecho, es porque fallaré, y no me gusta cuando eso sucede.
Espero unos minutos y aun veo a Berks buscando no sé que carajos, pero no presto mas atención cuando veo que mi objetivo se acerca a uno de los baños. Entro sin pensarlo y al ver que solo está él, cierro con pestillo, haciendo que se voltee hacia mi y frunza el ceño
—Oye, no se si es que eres ciego, pero está ocupado— el muy imbécil ni me reconoce, quiere decir que hice un buen trabajo con este disfraz.
—si, yo vi que estaba ocupado— cuando reconoce mi voz busca gritar, pero no le doy tiempo cuando saco mi arma y le disparo en la frente. Por el silenciador no se escucha nada y cae hacia atrás quedando sentado en el suelo —pero vine por ti idiota— termino mi frase aunque se que no me escuchará.
Salgo rápido del baño dispuesto a irme, pero el sonido del piano me hace detenerme, me asomo entre la multitud hacia donde está el centro de atención y me quedo embelesado viendo a la leona que toca.
Sus dedos se mueven con gracia sobre las teclas y sus ojos cerrados me hacen recordar al beso que nos dejó sin aliento a ambos, su cabeza se inclina al ritmo de la música y envuelve a todos como lo hace conmigo.
Su vestido rojo sensual se le sube por las piernas al estar sentada, y la abertura muestra mas de piel de lo que debería, mis pensamientos se tornan en ella, imaginando que las tengo envuelta en mi cintura y pegada a la pared.
Por mas que quiera quedarme mirándola toda a ella, debo irme. Apenas descubran el muerto en el baño, comenzarán a revisar y no quiero que descubran que me infiltré. Este disfraz me sirve para otra ocasión.
Me escabullo aun con el sonido armonioso del instrumento, quedándose grabada en mi mente la chiquilla que no es tan niña y que besa delicioso.
Al llegar afuera, el sonido desaparece completamente y me subo a mi auto rentado sin placa para salir de este lugar. Acelero satisfecho por mi trabajo que sé que hará feliz a mi padre y a la bratva, así como me hace a mi ahora.