Capítulo 1. El conflicto de la Bratva.
©Jazmin Flores. 2026.
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En las afueras de Moscú, dos hombres se veían con arrogancia, uno de ellos, era Arthur Mashkov, a quien todos apodaban el Rey, era el hijo mayor de Yura Mashkov uno de los fundadores de la Orekhovskaya Bratva, la organización criminal más peligrosa de Rusia, tenían negocios en todo el país, Arthur era un hombre despiadado y arrogante, era como una caja fuerte, impenetrable y cubierta de acero, él manejaba gran parte de la mafia rusa, era tan poderoso, que inclusive algunos políticos le respondían a él.
El otro hombre, era Vladimir Nagiev, un cofundador de la Orekhovskaya Bratva, quién decidió crear su propia organización por cuenta propia y después de traicionar al señor Yura Mashkov, lo consiguió y creo su propio imperio, a su organización la nombro, Nagiev's Bratvor, Vladimir estaba más enfocado en los negocios empresariales, aunque todo era una fachada para la exportación y venta de narcóticos.
Arthur era un hombre de 35 años, era joven, y poco compasivo con quienes se atravesaban en su camino y con quienes lo traicionaban, tenía un historial criminal bastante largo, y Vladimir era un hombre de 57 años, quién solo deseaba dejar un patrimonio para sus hijos sin importar el precio.
Y ninguno estaba dispuesto a ceder ante el otro, arrogancia y poder, era todo lo que había entre ellos dos.
Arthur había tratado de eliminar a Vladimir, pero el desgraciado tenía tanta suerte, que siempre salía ileso y todo terminó en una guerra constante por controlar todo.
Los soldados de Arthur morían y Vladimir ya no quería perder mas gente, la KGB y la CIA los acorralaba con cada disturbio que causaban y por ende, ambos querían llegar a un acuerdo, aunque realmente, solo buscaban un poco de tiempo fuera.
—Te vez cansado Vladimir, ¿No puedes dormir bien?.
Vladimir odiaba la arrogancia de Arthur, pero tenía que reconocer que el maldito tenia bolas y muy poco sentido común, estaba loco, si no fuera su enemigo , sin duda sería un muy buen amigo.
—Sabes que no he venido a parlotear, firmemos un tratado de paz— dijo Vladimir mientras fumaba tranquilamente. —¿Dónde esta tu padre?, ¿Acaso tiene miedo?.
Arthur sonrió. —¿Paz?, ¿Ya sientes mis pisadas tan cerca?, apenas empezaba a divertirme, mi padre esta ocupado en asuntos de mas importancia— dijo Arthur mientras sonreía con descaro, tan solo unos días atrás había acabado con la vida del primo de Vladimir, Iyenko Nagiev. —Está bien, voy a dejarte en paz, a cambio, tu lealtad es mía— dijo Arthur mientras se sobaba los labios con lentitud.
Vladimir lo miró con desprecio. —¿Qué quieres?.
—He escuchado de la belleza de tu hija menor, esa será mi firma de paz, la quiero a ella.
—No, eso jamás.
Arthur sacó un arma y la apuntó a la cabeza de Vladimir. —Entonces acabemos con esto de una vez, igual va a ser mía, solo por diversión.
Todos los hombres de Vladimir se tensaron, pero ninguno sacó su arma, todos sabían que un movimiento en falso y todo acabaría mal.
—¿Y yo que tendré a cambió?.
Arthur sonrió y se relajó. —Mi tranquilidad, ¿No es eso lo que quieres?, ¿O prefieres que encienda tus pubs de mierda?, o mejor aún, ¿Terminó con tu familia?, casi me llevo a tu hijo la última vez, ¿Como sigue su hombro?, un poco mas y le doy a la cabeza.
—No quiero a tu gente metiendo su nariz en mis negocios, si eso pasa, nuestro tratado se irá al carajo, y si lastimas a mi hija, no creas que solo me quedaré a ver.
Arthur sonrió. —No te preocupes, voy a cuidarla, mientras que estés tranquilo, yo también lo estaré, pero si empiezas un alboroto, me voy a hacer un collar con la cabeza de tu hija como adorno, se que la quieres mucho, el amor de un padre, ¿Cuánto vale tu hija para ti?.
Vladimir apretó los puños. —Mi hija está en el extranjero, deja que vuelva y entonces podrá casarse contigo.
Arthur se carcajeo y negó. —¿Casarse?, ¿En que carajos piensas?, necesito una criada, no una esposa.
—¿Cómo te atreves?.
—Yo puedo seguir con el juego, ¿Y tu?— Preguntó Arthur con seriedad.
—Está bien, seré generoso contigo, no le tocaré ni un cabello, un paso en falso, y ya sabes como va a terminar todo— dijo Arthur al fin.
Vladimir se puso de pie y se acomodó el saco de su traje, quería matar* al desgraciado de Arthur, pero no tenia los suficientes hombres como para continuar con aquella masacre—Mantén a tus perros amarrados—Dijo Vladimir antes de marcharse, no podía pelear ahora con Arthur, así que acababa de condenar a su pobre hija.
Arthur solo lo miró, esbozó una sonrisa y sacó un cigarro para fumar con tranquilidad, mientras miraba como aquel hombre se marchaba.
—¿Estás seguro de esto Arthur?—Preguntó él mano de derecha del rey.
—Voy a acabar con Vladimir, y empezare por su preciada hija, va a rogar intercambiar su vida por la de ella, solo espera, él cree que todo acabó y listo, se metió con la persona equivocada—Dijo Arthur mientras en su cabeza ideaba un plan malvado.
—¿Sabes quien es la hija?.
—No me interesa, si es familia de ese maldito me da lo mismo, ha de ser basura igual que ese traidor.
Iván conocía el temperamento de Arthur y era mejor dejarlo ser, Arthur solía tomar parejo a todos, y si quería ser cruel, nada ni nadie podría cambiarlo.
Unos días después, mientras que Arthur tenía una reunión en uno de los clubs mas influyentes de Moscú, su mirada se enfoco en algo que de inmediato llamo toda su atención.
Una chica de cabello oscuro, de hermosa silueta y de piel tan perfecta que pondría celosa a cualquier mujer. Arthur era un cazador tenaz, si él quería algo lo tendría sin importar que, en especial si se trataba de una mujer hermosa.
Así que llamó a un mesero y le dijo algo al oído.
En una mesa VIP estaba Anna Nagiev, quien recién acababa de llegar a Rusia, ella prefería mantenerse lejos de los negocios familiares, pero por alguna razón, su padre la llamó urgentemente, tenía buenas amigas en el país, que al saber de su llegada no dudaron en invitarla de fiesta, y como su padre estaba ocupado con algunos asuntos, Anna decidió aceptar verse con ellas antes de hablar con él.
Las estaba esperando, cuando un mesero llegó con una costosa botella de vino, le sirvió una copa en el momento y Anna negó.
—Yo no pedí esto.
—Lo envió el caballero de aquella mesa— dijo el mesero y señalo una mesa en específico.
Anna miró hacía donde apuntaba su dedo y sonrió al ver a un hombre bien vestido y de atractivo rostro.
Era demasiado guapo como para intentar ignorarlo, así que ella acepto la copa con una sonrisa.
Arthur no perdió tiempo y se puso de pie, solo hasta entonces Anna se dio cuenta del fenomenal espécimen que había encontrado, y no solo eso, debía ser alguien importante pues un montón de hombres se movieron cuando él se levantó, debía de ser un millonario, tal vez algún político o un empresario rico, era común ver gente de ese tipo en aquel club.
Ella no lo perdió de vista hasta que Arthur llego y se sentó frente a ella sin pedir permiso.
—Me llamo Arthur, ¿Y tu?.
Anna lo examinó más de cerca, imponente, seguro, encantadora voz, encantadores labios, era un coqueto sin duda, ‘Interesante’. —Anna.
Él sonrió, la belleza de esa mujer era inigualable, había tenido muchas mujeres en su cama, pero no a alguien como Anna, parecía una chica de buena cuna, tal vez una niña mimada de padres ricos, mentón fino, nariz perfilada, ojos verdes y labios rojos, tenia todo lo que a él le gustaba.. —¿Estas sola?—Preguntó Arthur sin quitarle la vista de encima.
—¿Te irás si digo que no?.
—No.
—Entonces no importa— dijo ella actuando de modo sensual, sería tonta si no coqueteaba con alguien como él.
……….
Unos minutos después…
Anna estaba asombrada, tan solo bastaron un par de minutos, y ese hombre logró sacarla de aquel club y llevarla a un hotel de lujo, llegaron a una suite y se quedaron solos.
—¿Tienes mucho dinero?—preguntó ella mientras se deleitaba con la vista, sabía a que había ido a ese lugar, no era tonta, estaba bien con eso, pasar el rato con alguien como Arthur.
—Solo un poco.
—No hablemos de eso entonces, no quiero asustarme e irme— dijo ella mientras ponía toda su atención en él.
—No dejaría que hicieras eso— dijo Arthur mientras encendía un cigarro, ella en verdad era una obra de arte, tenía que felicitar a los padres.
Anna caminó con elegancia hasta una mesa de centro y dejó su costoso bolso, se cruzó de brazos y enarcó una ceja. —¿Y bien?, ¿A que jugamos?.
Arthur sonrió, algo le decía que esta noche iba a ser inolvidable.