CHRISTIAN Odio admitirlo, pero me angustia su actitud. ¿Dónde está la Madison que soltaba comentarios llenos de veneno cada dos por tres? La mujer que sube ahora a mi apartamento es completamente diferente. Se ve apagada. El ascensor se abre y ella alcanza a quitarse los tacones y tirar su bolsa al suelo, antes de salir disparada al baño principal. Frunzo el ceño y levanto sus cosas. Entonces, me acerco un poco a la puerta, porque no se ha tomado el tiempo de cerrarla por completo. La escucho vomitar sin parar y es ahí, cuando me preocupo de verdad. —Madison, ¿te encuentras bien? Cuando entreabro la puerta, ella esta arrodillada con la cabeza dentro del sanitario. Suelto lo que tengo en mis manos y le recojo el cabello con mis manos. Otra arcada más y vuelve a vomitar todo su intest

