MADISON Luego de almorzar en la cafetería que encontré por accidente y que todos me miraran extraño por ser una ejecutiva almorzando con empleados normales, decido volver a mi oficina. La sensación de incomodidad no desaparece, pero trato de enfocarme en lo que tengo que hacer. Mi lista de pendientes no se hará sola, y el evento que Christian me encargó organizar necesita toda mi atención, además de eso, debo resolver ciertos problemas generales. Me siento frente a mi escritorio y enciendo el computador. Busco varias opciones para locaciones, llamo a algunas empresas de catering y reviso decoraciones que puedan encajar con el estilo sofisticado que Christian exige. Los minutos pasan, y aunque debería sentirme satisfecha por avanzar, una opresión en mi pecho comienza a asomarse. Estoy aco

