Hacía años que no ponía un pie dentro de la mansión donde creció, pero sinceramente no había estado deseando hacerlo, para nada. Cada vez que debía acercarse a sus padres las cosas terminaban mal: una amenaza, una que otra paliza por su “falta de respeto”, una vez consiguió una cachetada tan solo por decirle a su padre que ya no tenía control sobre su vida. De cierta manera es verdad, Gina puede hacer lo que quiera, todas esas mesadas que recibió de pequeña las ahorro para poder emanciparse a los dieciocho, pero cuando descubrió que su padre hacia tratos sucios con gente que no le correspondía y que tiene un gusto retorcido por la jóvenes, entonces se dio cuenta de que no tenía porque gastar su dinero cuando podía extorsionar a Leonardo. Era mucho más divertido y lucrativo. —Tanto tiempo

