Pauline podría morir de la vergüenza en ese justo momento, no había forma de inventar una mentira o de negar lo que había sucedido, lo único que podía hacer era explicar el contexto y el motivo de sus acciones, pero seguramente él no creería ni una sola parte de la historia. —Sé que parece otra cosa, pero la verdad es que nosotros no… —Ve a casa y allá hablamos —ordenó interrumpiendo a su hija, la tomó por los hombros y la llevó hacia la salida de la habitación para que pudiera salir con algo de dignidad. Aquel hombre no sabía cómo explicarles a los socios lo que había pasado, se suponía que su hija iba a ser el nuevo rostro de la filial en París. —Creo que será imposible continuar la junta en éste momento, ¿podemos volver a reunirnos mañana? —preguntó el amable hombre mientras buscaba

