Por unos segundos, Becky quedó desconcertada, en su mente no cabía que Dan estuviera pretendiendo pagarle por mantener alejada a su hija, de pronto reaccionó y sintió que la sangre le hervía en las venas… “Dios agárrame, porque no puedo ir a la cárcel”. –¿Qué? –preguntó Becky mirando con los ojos entrecerrados a Dan, lo que le recordó las veces que la hizo rabiar en su oficina con sus absurdas demandas. –No, no acordamos nada parecido, está mintiendo Becky, yo quiero estar en la vida de mi hija. –Ella también quiere estar en la tuya, pero tengo una condición para que eso se lleve a efecto. –Dime, haré lo que quieras. –No la quiero a ella cerca de mi hija –dijo Becky con firmeza, señalando a Lorna. –Eso es imposible porque vamos a casarnos muy pronto. –No te preocupes por ella, no

