Capítulo 4. Despertar para decaer

1312 Palabras
Durante la noche me desperté unas dos veces a la tercera me levanté definitivamente. Al ver la hora en el móvil comprobé que eran las diez de la mañana... y que tenía ocho mensajes de Ann. Me preparé como desayuno cereales. – Me alegro de que no tenga que ir a clase. – nada más decir eso en voz alta sonó el timbre. Fui a abrir la puerta y en ella estaba Ann. – ¿Vamos? – preguntó con una sonrisa llena de ilusión. – ¿Ir a donde? – me quedé extrañada y algo confundida. Por mucho que intentaba recordar de que estaba hablando... Me era imposible. – Lo has olvidado, Matt actúa en Zzlety. Te envié mensajes. – suspiró y bajó la mirada, pero en seguida en su rostro apareció de nuevo la sonrisa radiante de antes. – ¿Recuerdas que me desmaye por la noche? ¿Cómo sabías que estoy en casa? – pregunté sorprendida y ofendida. – Cierto. ¿Cómo estás ? – preguntó como si eso fuese de menos. - 'Llegaremos tarde'  volvió a aparecer la misma voz que vi en ella anoche. – Si tanto te importa eso ve con las demás. – gruñí, poniéndome borde. – Hey, tranquila. Que no pasa nada. – dijo Natasha. La verdad es que no me había dado cuenta ni de que estaba a su lado. – Nos llamó Dante. – explicó Natasha. – Ya veo. – suspiré. ' Tiene pinta de enfadad.' vi en Natasha. – No estoy enfadada. – suspiré mientras crucé los brazos y me apoyé en la puerta. – ¿No vas a venir a ver a Matt? – volvió a insistir con lo mismo Ann. – No se, no me siento bien. – suspiré, cansada, sentía que la cabeza me iba a estallar. – Le vas a decepcionar... –  comentó Ann - 'Solo se desmayo. ¿Para que tanto teatro?' – ¿Teatro? –  pregunté mirándola. – ¿Para ti el que me desmayase es teatro? Eres una amiga estupenda. – comenté y la miré de forma seria. – ¿Cómo sabes en que pienso? – preguntó Ann sorprendida, ignorado así mis preguntas. – Tu mirada lo dice todo. – respondí sin dejar de mirarla a los ojos. – Chicas, Calmaros. – se interpuso Natasha en la conversación, después de colgar el teléfono. – Era Matt, la actuación es otro día. Juliet puede descansar y tú dejar de comportarte así. Sabes lo que le paso anoche y ella no tiene la culpa. – dijo Natasha dirigiéndose a Ann. – ¿Culpa de que? – pregunté para intentar averiguar que ha pasado después de que se fuesen. – Ann tuvo problemas en casa por llegar tan tarde. – contestó Natasha al ver que Ann se negaba a hablar. – ¿Y la culpa es mía? – pregunté con un tono que suelen usar los inocentes mezclado con ironía. – ¡Si por que fue tu idea el ir al concierto! – levantó la voz Ann, parpadee unas cuantas veces seguidas. – ¿Mía? Si tu compraste las entradas. – gruñí enfadada. – Lo siento, Juliet... Pero se me metió en la cabeza lo que me dijo mi madre y me enfadé. – explicó Ann y me dio un abrazo lo cual no me esperaba - 'Soy idiota.' Esas voces empezaban a ponerme nerviosas, pero en parte estaba bien saber en lo que pensaban. – No eres idiota, vamos tranquila. ¿Y si vamos a comer algo fuera? – las dos intercambiaron miradas y luego aceptaron la oferta. Con el coche de Natasha nos fuimos al centro comercial, donde se encontraba nuestro bar favorito. Nada más entrar me quedé paralizada. Veía a las personas como hablaban y como estaban rodeadas de colores y podía ver sus... Voces... Sus... ¿Pensamientos? Parpadee unas cuantas veces para ver si todo era real. Las dos al ver que me había quedado parada volvieron hacia mi y me miraron de forma preocupada. – ¿Pasa algo? – preguntó Ann, pero la primera vez que lo hizo la ignoré así que repitió la pregunta otras dos veces. – Pensamientos. – suspiré mientras empecé a temblar. Natasha se acercó a mi y me cogió del brazo. – ¿Juls, estás bien? – preguntó de forma insegura. – Veo sus pensamientos. – volví a repetir, las dos intercambiaron miradas y yo me volví a desmayar. Me desperté en una habitación toda blanca, miré a mi al rededor y vi a Natasha a Ann y a Matt, sentados en un sofá, mas bien estaban dormidos. '¿Qué ha pasado?' pensé y luego me fijé en que en la mano derecha tenía una aguja con una transfusión. Me quedé mirándola con miedo y luego di un grito. – ¡Estoy en un hospital! – todos se despertaron y se quedaron mirándome asustados. Matt se acercó rápidamente a mi y me abrazo para tranquilizarme. – Ssshhh, tranquila, ha sido por tú bien Juls, nos tienes aquí. – me susurró al oído y me acarició el pelo. – Id alguna a por la enfermera. – añadió dirigiéndose a Ann y a Natasha. Unos instantes más tarde vino Ann con la enfermera la cual me dio un termómetro para saber si no tengo fiebre y así poder darme el alta. – Creo que mañana por la mañana ya puedes irte a casa, llama a alguien para que venga a por ti y listo. Te recetare unas pastillas para los mareos que tienes, si? – dijo la enfermera. « NO son mareos... Se leer los pensamientos de las personas... De todas las personas que me rodean... j***r. ¿Qué pasa conmigo? » – Está bien, gracias. – respondí con amabilidad. Me miró confundida, supongo que había notado que en mi voz que no estaba de acuerdo con ello. – Ahora deberías descansar y los demás iros a casa, no podéis quedaros aquí otra noche. – les advirtió antes de salir de la habitación la enfermera. – ¿Cuántos días han pasado? – pregunté más tranquila dirigiéndome a los demás. – Dos días. – respondió Matt sentándose en la silla que había en la habitación. – ¡¿Dos días?! – Me quedé mirándoles sorprendida buscando una respuesta... Más que sorprendida, nerviosa. – ¿Qué ha pasado? – seguí preguntando para enterarme de algo más. – Te desmayaste nada más llegar al centro comercial. – explicó Natasha aún en shock. – Vino a verte Bianca , pero se fue unos minutos antes de que te despertases. – añadió Ann. « Otro desmayo... » – ¿En serio? ¿Cómo está? –  pregunté preocupada. – Bien, tuvo que volver a casa para ayudar a su madre con la fiesta de cumpleaños de su hermana. – respondió Matt. – Bueno, tenemos que irnos, son las ocho y hoy ya tenemos que seguir el horario. – continuó con una voz tranquila para no alterarme. – Esta bien, gracias por haber estado aquí. Y siento el susto. – me sentía mal por haber asustarles de ese modo dos días seguidos... Pero me alegraba por que estuviesen aquí. – Tranquila. – dijo Natasha mientras sonrió. 'Me estoy acostumbrando' el optimismo de Natasha se a activado. – Cuídate. –  me guiñó el ojo Ann 'Tengo que volver a casa o tendré otro problema con mi madre.' suspiro Ann. – Si necesitas que alguien te lleve a casa mañana, llámame. – me guiñó el ojo Matt. – No dudes de ello. – le guiñé el ojo con una sonrisa. 'Espero que mejoré.' Nada más habían dejado la habitación cogí el móvil. Tenía una llamada perdida de un número desconocido. Como hacia siempre llamaba de vuelta para ver si alguien respondía. Al ver que nadie contestaba a la llamada, colgué. Volví a dejarlo en la mesita de noche y intenté ponerme cómoda para descansar.
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