Capítulo 5. Recogida

1044 Palabras
Al despertarme a la habitación llegaron las  enfermeras que se encargaban de mi por la mañana. Una de ellas me quitó la transfusión y la otra me sirvió el desayuno, dejándolo en una pequeña mesa blanca.  – ¿Quién viene a recogerte? – preguntó una de las enfermeras, con una sonrisa cariñosa. – Nadie, no hace falta, puedo irme sola. Vivo a diez  minutos de aquí. – respondí de forma simple, al fin y al cabo, ya era mayor de edad. – La doctora piensa que es mejor que te lleve alguien a casa, por si pasa algo por el camino. Podría sentarte mal el sol. – explicó otra enfermera mientras firmaba unos papeles. 'No debería irse sola.' – ¿Por qué no? – Las dos intercambiaron miradas. '¿Qué le pasa ahora?'  Admito que estás voces empezaban a resultarme útiles. – ¿Por qué no qué? – preguntó la otra después de un buen rato. – ¿Por qué no debería irme sola? –  suspiré y crucé los brazos. '¿Y está cómo sabe lo que pienso?' — se quedó extrañada. – Pues por que la doctora no piensa que es lo mejor. – respondió una de las enfermeras después de un buen rato de silencio. 'Me da la impresión de que ha acabado aquí a propósito.' suspiró la otra. Quería decir algo, pero al final no me atreví, las dos mientras intercambiaron miradas. – No os preocupéis, yo la llevaré a casa. – dijo una voz detrás de mi, me giré y sorprendida me quedé mirando a Alex. – ¿Qué haces aquí? – pregunté sorprendida, mi peor pesadilla a vuelto. – Vine a recogerte. Me dejaste una llamada a perdida anoche. – explicó con una sonrisa victoriosa, mientras nos dirigimos hacia la salida del hospital, los dos nos quedamos callados. – Emmmm... ¿Tú eras el número desconocido? – saqué tema, para romper el silencio que me ponía nerviosa. – Es el móvil del grupo. – respondió mientras empezó a rebuscar en los pantalones las llaves del coche. – ¿Cómo os enterasteis de que estaba en el hospital? – volví a decir algo para evitar que nos quedaremos los dos en silencio. – Salió en las noticias regionales. – respondió de forma sosa. –¿De verdad que sois vampiros? – susurré para que no lo oyeran las demás personas. – ¿Tenemos que beber sangre para que nos creas? –respondió con una pregunta llena de sarcasmo. – Ni idea, prueba a ver. – crucé los brazos y empecé a ponerme arrogante. – Tranquilita, no te consiento que me hables así. – se puso serio y me miró con una mirada fría. – Puf... – suspiré. – Me voy a casa. – añadí más tarde mientras empecé a dar pasos hacia la parada del autobús más cercana. – ¡Hey, espera! ¿Adónde vas? – dijo mientras me seguía para evitar perderme de vista. –A casa. – respondí y me giré hacia él. – ¿De verdad piensas que es buena idea? – cruzó los brazos y en el rostro le apareció una sonrisa. – Emmm...claro, ¿Por qué no iba ser buena idea irme a casa? – pregunté de forma tonta.  – Por que si por ejemplo, vas en autobús o vas a pie, vayas donde vayas habrá gente. – comentó la cosa más obvia del mundo.  – Eso es lógico, vivo en una ciudad, tiene que haber gente. – suspiré sin hacerle mucho caso.  – No lo entiendes. – suspiró de forma cansada y con pocas ganas de explicar a que se refería. Me rodeó por detrás y me susurró a la oreja. – Si sabes leer pensamientos, podrás ver los de la gente que te rodee. Y acabarás justamente aquí. Tendrás una habitación reservada en el hospital. – explicó al final. Me quedé paralizada pensando en lo que acababa de decir. Tenía toda la razón del mundo, si es verdad que consigo ver los pensamientos. Vaya a donde vaya y haya gente puede que me vuelva a sentar como me sentó la otra vez. – ¿Qué me dices? ¿Dejas que te lleve a casa o prefieres que me quede esperando a que te traigan de nuevo aquí? – – Esto no es justo. – suspiré lo cual el se tomó como una victoria. – Vamos, es deprimente estar medio día delante de un hospital. – asentí con la cabeza y los dos nos fuimos al aparcamiento del hospital y juntos. Alex abrió el coche de color azul fuerte y los dos nos subimos en el. Unos minutos más tarde me di cuenta de que no le había dado la dirección de mi casa. – Alex, no te he dado la dirección. –  el dio un suspiro. – No necesito tú dirección. – respondió intentando quedarse tranquilo. – ¿No? ¿Y cómo se supone que me llevarás a casa? – pregunté empezando a ponerme nerviosa. – Primero, ya te llevé una vez a tú casa, después de que estuvieses esperándome por que Dante pensaba que eras una espía y segundo no te llevo a casa. – gruñó con poca paciencia.  – ¿Disculpa? – parpadee unas cuantas veces. – ¿Adónde me llevas? – pregunté preocupada. Esto lo he visto en noticias... Te subes en el coche de un completo desconocido, te lleva a las afueras, te hace algo y... Y nunca nadie vuelve a saber nada de ti. Seré tonta, empecé a regañarme.  – A la casa del grupo. – Dijo unas palabras que me dejaron más tranquila, pero al mismo tiempo me dejó más alterada.  – ¡No puedes hacer eso! – grité mientras me mordí el labio inferior.  – Ssshhh, no grites, que despiertas a los muertos. –  molesto giró bruscamente con el volante del coche.  – Esto es un s*******o. – comenté la situación. – ¿Y? – preguntó como si fuese algo normal. – Puedo acusarte de ello. – intenté amenazarle para ver si me llevaba a casa. – Claro, eso me gustaría verlo. Acusar a un m*****o de un grupo que es vampiro. Seguro que ganas. – di un suspiro y me quedé mirando por la ventana. Mientras el sonreía y se centraba en conducir.
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