Capítulo 6. Hogar, dulce hogar

1369 Palabras
Alex aparcó el coche delante de una casa enorme. Me sorprendió bastante que un grupo tan poco conocido, tuviese una casa tan grande. Aunque... Típico de famosos... ¿No? – Hemos llegado. – me informó Alex cuando vio que aún no había abierto la puerta del coche para salir.  – Yo no quiero estar aquí. – crucé los brazos, empezando así a comportarme como una niña pequeña. – Yo no te pregunto. – respondió de forma sosa y salió del coche. – ¡Esto no es justo! – grité y pegué un portazo con la puerta al salir del coche. – Hey cuidado con ese coche que es mío. –  me giré y vi como Dante acababa de llegar en una moto. – Vamos a entrar en la casa. – dijo Alex mientras dio unos pasos hacia la puerta de entrada, ignorando lo que había dicho Dante. – Yo no pienso moverme de aquí. – volví a cruzar los brazos y puse una mirada que decía " ni moviendo el suelo haréis que entre en la casa. " – ¿Dónde están los demás? – preguntó Alex dirigiéndose a Dante y así ignorando mi comportamiento. – Dentro, han traído las cosas de la espía. –  respondió de forma sosa Dante. – ¡No soy ninguna espía! – me metí en la conversación. – Monada, no grites. – salió de la casa Max casi d*****o. Me tape la cara rápidamente. – Matadme alguien. – susurré y di un suspiro. – Yo lo haré. –  se ofreció Dante y dio unos pasos hacia mi. – ¡No! Es una forma de hablar, idiota. ¡No te acerques a mi! – retrocedí el mismo número de pasos que el se acercó y me quedé mirándole asustada. Los tres se pusieron a reír y yo los observé sin entender muy bien la situación. Lo único que conseguí sentir en ese momento era una horrible soledad, un abandono interior que me aunque tenía toda la intención de ignorarlo, terminó por abrirse paso.  – ¡Os odio! ¡Sois lo peor! – de los ojos empezaron a salirme lágrimas. – Nos parte las venas que nos odies. – comentó Dante y así me devolvió lo del insulto. – Sois de lo que no hay. – comentó Scott al venir de la parte de atrás de la casa con rosas en las manos. – Tengo que ir a ver a Katia. – dijo Alex informando a los demás poniéndose serio. – Ya tiene listo lo que le pedimos el otro día. – añadió al ver que todos le pedían una explicación con sus miradas. – ¿Ya? – preguntó sorprendido Max. – Si que lo hizo rápido. – – Vamos a casa, es estúpido estar de pie delante de ella, pudiendo estar dentro cómodos. –  dijo Dante y dio un bostezo. – No pienso entrar en la maldita casa. – me metí en la conversación que estaban llevando. – No puedes quedarte aquí fuera, monada. Podrías pasar frío. – dijo Max de forma dulce intentando convencerme. – ¡Deja de llamarme monada! – – Deja de gritar, me empieza a doler la cabeza. – se quejó Dante. – No haberme traído aquí. – respondí de forma simple  y les di la espalda. – Me estoy cansando de esto. – suspiró Alex. Se movió tan rápido del sitio que ni logré reaccionar, me cogió de la cintura y usando la fuerza me llevó hacia el interior de la casa. – ¡Suéltame! – grité intentando darle algún golpe con las manos. – Pegas como una chica. – comentó Alex. – ¡Soy una chica! – me dejó en el suelo cuando entraron los demás y cerraron la puerta. – ¿Hacia falta hacer eso? – preguntó Scott aldo decepcionado. – Es terca, contestona y no entiende que lo hacemos por su bien. Si hacia falta. –  respondió Alex y me dejó en el suelo. – Voy a darme una ducha y luego iré a por lo que nos preparó Katia. – añadió y se fue hacia el baño. La casa estaba decorada de forma moderna y formada por dos plantas. – En la de arriba están las habitaciones. – dijo Max al ver que estaba observando la casa. – ¿Vienes y te enseño tú habitación? – se ofreció y empezó a mover sus cejas. – Yo contigo no voy a ningún sitio. – me negué nada más Max acabar la pregunta. – ¿Por que? Eres cruel. – intentó dar pena para que aceptase ir con él. – Tienes pinta de Don Juan, te comportas cómo un Don Juan. – respondí con sinceridad. – Ven conmigo, yo te enseñaré tú habitación. – se ofreció Scott. Después de dudarlo un tiempo, acepté la oferta y le seguí al piso de arriba. – Tendríamos que haberla matado. – gruñó Dante. – ¿Por qué? Si es una monada. Y no creo que sea una espía. –  respondió Max. – Para ti todas son una monada. – dijo de forma sosa Dante. – Tú también eres cruel. Me voy a ver el partido. – suspiró al final Max de forma ofendida. Lo que se suponía que es mi habitación estaba en la parte derecha de la segunda planta. Scott abrió una de las puertas y como un caballero dejo que entrase primero yo. Las paredes estaban pintadas de azul claro y con algunos posters de grupos, como: Linkin Park, Black Veil Brides, Simple Plan, Evanescence, The Letter Black y mas... Había un enorme armario de color gris y una cama en la que podrían dormir dos personas. – Espero que te guste, no nos dio mucho tiempo a preparártela. – se mordió de forma nerviosa los labios. – Es enorme. – comenté sorprendida. – ¿Quieres que te enseñe el resto de la casa? Así evitamos que te pierdas. – dijo con una sonrisa casi burlona, creo que le gustaba la idea de que me perdiera en la casa. – No, gracias, no hace falta. – respondí con amabilidad bajando la mirada. – ¿Qué te pasa? – empezó a preocuparse Scott. – No quiero estar aquí. No con vosotros. – respondí siendo sincera. – Se que es difícil, pero entiende que al igual que no te lo esperabas tu, no nos lo esperábamos nosotros. – – Cierto...pero aún así. Puf... – suspiré y me senté en la cama. Scott se quedó mirándome a los ojos. – Sabes, tienes unos ojos preciosos y no te favorece estar triste. Aún que sea difícil, sonríe, te sentará bien. – se acercó y me puso una de las rosas que llevaba en las manos detrás de la oreja, lo cual me hizo sonreír. – Ves. Si necesitas algo baja a la planta baja. Estaremos ahí los demás, hoy hay partido. – dijo ilusionado lo cual me hizo gracia. – Está bien. Gracias. – intenté ser amable. – ¿Por qué no vienes abajo con nosotros? –  preguntó antes de salir de la habitación. – No soy mucho de futbol y de ver partidos. – – Entiendo. Vendremos alguno a por ti cuando este la cena lista, si? – – Claro. – sonreí y esperé a que saliese de la habitación para dejarme tranquila. Nada más salir Scott de la habitación fui a ver como de alto estaba el balcón del suelo para intentar bajar por el e irme. – Esto es una tontería, no voy a matarme por ellos. – dije pensando en voz alta. Abrí el armario donde había ropa mía, me cambié la que tenía ahora y me puse unas deportivas para que no se oyesen tanto los pasos que daba. "Podrían esperar el que intentase escapar de esta forma. Pero no se esperaran que baje y me vaya de forma normal." Pensé al cabo de un tiempo en el que sólo daba pasos por la habitación mientras intentaba pensar algo. Me saqué la rosa que me puso Scott en el pelo y la dejé encima de una mesita de noche azulada que había al lado de la cama. – Manos a la obra. – dije en voz alta decidida y salí de la habitación intentando no hacer ningún ruido.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR