Unas cuantas veces en la carretera vi pasar mi vida por delante de mis ojos. NUNCA más volveré a subirme con Alex en moto... No es que fuese mal conductor, pero la forma de tomar las curvas daba miedo... sería perfecto para quitar el hipo, pero... La primera vez que tomó una grité, en las siguientes ya sólo me mordía los labios mientras cerraba los ojos y deseaba que ya estuviésemos en la ciudad. Cuando llegamos, con mi sentido de la navegación por desgracia no perdimos unas dos veces, pero al final llegamos delante de la casa de Ann. Alex, aparcó con la moto y empezó a esperar a que me bajase. – Ya puedes, bajar. – me informó Alex después de que pasasen unos minutos. No había entendido la indirecta que me dio y no bajé de la moto hasta que me lo dijo. Con mucho cuidado bajé de la moto,

