– Oye, dormilona, despierta. – esa voz me dejó paralizada. Bruscamente me senté sobre la cama y empecé a buscar a quien lo dijo. Todo estaba demasiado oscuro, era muy difícil identificar a alguien. La voz no volvió a decir nada, empecé pensar que sólo fueron paranoias mías. Quería volver a acostarme, pero antes de hacer algún otro movimiento, sentí como alguien me cogió de los hombros y los apretó, cómo si quisiera darme un masaje. Di un grito y me di la vuelta hacia esa persona, casi cayéndome de la cama. Después sentí alivio, pero también ganas de matarle... Era Alex. – Ssshhh, en serio, un día de estos despertarás hasta a los muertos. Te asustas en seguida. – comentó con una estúpida sonrisa en rostro. – ¡¿No podías hacer algún ruido o poner la luz o algo?! – gruñí molesta, en serio,

