Torbellino de emociones Verónica Después de despertar de mi desmayo, producto del estrés por lo que iba a hacer en aquel acantilado, permanecí un poco más en la cama, aún aturdida, y también preguntándome por el joven que había salvado mi vida. Recordé lo guapo que era y la mirada profunda que me había hecho temblar, así como el estremecimiento que sentí cuando me tocó suavemente la cintura. Suspiré de satisfacción mientras cerraba los ojos para recrearlo en mi mente. Lo primero que se me apareció fueron esos ojos azules profundos que me miraron con nerviosismo y preocupación a la vez. Luego, vinieron esos fuertes brazos que envolvieron mi delgada cintura, sosteniéndome de mi intento suicida y aprisionándome contra su fornido pecho. Abrí de nuevo los ojos y recordé que Julia me mencionó

