Gira más.

640 Palabras
La mayoría de los recuerdos de Touma eran confusos. No recordaba gran parte de su infancia y solamente se hacen más nítidos los recuerdos cuando Satoshi aparecía en ellos. Pero había algo que Touma recordaba a la perfección, que estaba grabado con fuego en su cerebro y rabia en su piel. Lo único que Touma no podría olvidar nunca era a su madre, la persona que más odiaba en el mundo. Cada vez que acordaba de ella su estómago se revolvía y su cuerpo ardía en furia, desbordando unas ganas incontrolables de patear a quien tuviera enfrente. Touma había creído durante varios años que a sus hermanos les pasaba lo mismo, y aunque ninguno de los dos la querían, no la odiaban con tanto fervor como él lo hacía. El odio de Touma era algo innatural, descontrolado y peligroso. Y si no hubiera sido por el amor de su padre, el apoyo de sus hermanos y la ayuda de Satoshi, Touma estaría dentro de un hoyo obscuro, frío y lleno de soledad. En realidad, él ya había estado en ese lugar malvado y perjudicial. Fue por eso que cuando conoció a Satoshi, sintió como si hubiera visto el sol por primera vez.   Ese día estaba nublado. Era la ceremonia de entrada a la primaria y Touma no tenía ganas de ir. Es más, desde que su madre los había abandonado, no tenía ganas de hacer nada. Fue un gran trabajo para su padre alistarlo y llegar a tiempo a la ceremonia. Después de media hora que resultó eterna para Touma, por fin tendría sus primeras clases. Touma prefería no estar con su papá puesto que se sentía muy hostigado estando con él, siempre le preguntaba muchas cosas o no dejaba de abrazarlo y Touma no se encontraba de un humor capaz de tolerar tales acciones. Él solamente quería estar solo, pensando en la posibilidad de que su madre algún día regresara a casa. Por eso, cuando el pobre de Touma vio que Nakamura-san, el padre de los amigos de Yuke y Kyo, se acercó a saludar a su papá, se enojó bastante. Pero, pese a su enojo, Touma distinguió una figura detrás del gran Nakamura-san. Parecía estar escondiéndose y cuando por fin decidió asomarse, miró directamente a Touma con sus enormes ojos brillantes y expresivos. Touma se sintió atacado y realmente extraño. Era la primera vez que conocía al menor de los Nakamura, y su hermano Yuke le había dicho que se trataba de un niño muy alegre. A Touma le había dado igual el comentario de su hermano, como también le daba igual todo lo demás. Y no fue en ese momento cuando Satoshi lo deslumbró, sino más adelante. Fue un proceso lento, en donde se vieron involucradas varias corretizas por la escuela, desayunos juntos, tareas en pareja, fines de semana visitando la casa del otro; Touma estaba siendo arrastrado sin darse cuenta, sin poner resistencia, y poco a poco fue saliendo de ese hoyo guiándose por la fuerte voz de Satoshi que no dejaba de darle ánimos. Y cuando por fin salió, se sintió deslumbrar como si hubiera visto el sol por primera vez en su vida. Un sol diferente al que todos conocían, era cálido y tangible; y no importaba las veces que llorara frente a él, ese sol siempre estaría listo con una sonrisa y unas palabras de ánimo, porque también conocía el dolor. Todo eso había sucedido nueve años atrás. Demasiado tiempo para algunos, pero realmente poco para Touma. Durante el transcurso de esos nueve años, Satoshi había sido el centro de Touma; como si se tratara del sol y la tierra. Touma giraba alrededor de él, anhelando poder alcanzarlo pero sin hacer esfuerzo alguno para poder llegar a Satoshi; porque sabía que si se acercaba demasiado terminaría quemado, y Touma tenía miedo de quemarse.
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