El comedor era una extraña combinación de risas, peleas inocentes y pláticas sin cesar. Puesto que el tío Atsushi había regresado a j***n, todos estaban muy alegres y no dejaban de hacerle preguntas. Incluso el amargado de Kyo participaba en la conversación. Ryu observaba todo sin descuidar la celebración, y, como era de esperar, Yuke era el más feliz de todos. Ryu se sentía bien al ver la felicidad de su amigo, pero había algo que lo inquietaba. Cuando eran niños, Yuke le había confesado sus sentimientos por su tío. En ese entonces, Ryu no le había tomado mucha importancia, y ahora que ya no era un niño tampoco lo tomaba muy en serio. Había escuchado, antes de que su tío se fuera, que él y su padre discutían mucho sobre el tema. Fue por eso que Ryu tuvo miedo. Él, al igual que Yuke, estaba enamorado de indebido.
La cena terminó más tarde de lo normal. Cada quien realizó los deberes correspondientes: Touma y Satoshi recogieron la mesa; Tatsurou y Kyo lavaron y secaron la loza; y Yuke y Ryu se libraron de tener que ordenar la cocina puesto que los mandaron a preparar la habitación de Atsushi. Ryu podía sentir el ánimo de Yuke y casi se sentía igual que él.
—No has dejado de sonreír como un tonto. — Yuke miró a Ryu de reojo mientras doblaba el futón.
—Yo siempre sonrió como un tonto. — Ambos se rieron. Yuke salió de la habitación unos minutos después y Ryu se quedó a acomodar el ropero y guardar todo en su lugar. Detrás de él, Yuke había dejado una ligera esencia de felicidad que duró muy poco. Ryu admiraba lo transparente que era su amigo. No le daba miedo demostrar sus sentimientos y no se daba por vencido con la persona que amaba. Si ojalá Ryu fuera igual… Ryu era una persona aparentemente agresiva y ruidosa; cualquiera que lo conociera por primera vez no creería jamás que Ryu era de los que observaban desde lejos, incapaz de dar un paso, débil a la hora de mostrar lo que sentía. En el salón de clases, era de los primero que hablaba sobre chicas, citas, o fiestas en las que lograbas conseguir una pareja. Pero todo era una cortina bien hecha. En su vida, solo había estado interesado y enamorado de una mujer; y, al igual que Yuke, se trataba de alguien mayor, alguien inalcanzable, alguien con quien solo podía llegar a estar en sus sueños. Y esa persona era Ogeretsu Kaede, la hermana de la pareja de su papá.
Ese día en la madrugada, Ryu se despertó. Se dio cuenta que Yuke también estaba despierto, y trató de dormirse de nuevo pero no pudo.
—Oye.
—¿Sí?
—¿Por qué no te has dormido? — Yuke estuvo en silencio durante unos segundos, suspiró y se giró para quedar de frente a Ryu.
—No sé. Creo que aún no me recupero de la sorpresa.
—Debe ser lindo; ya sabes, sentirse así.
—Sí, lo es. — Una extraña sensación creció dentro de Ryu al escuchar esas palabras. Su mente no dejaba de preguntar por qué Yuke si podía tener suerte en el amor y él no; su pecho se llenó de un calor excesivo, acelerando su pulso y haciendo sentir por primera vez a Nakamura Ryusei envidia.