Capítulo 27

1431 Palabras
ANTON ¡Maldita sea! Rachel me dejó con muchas ganas y no podía negarlo. Verla tirada sobre mi cama, mirar sus atractivos pechos y estar a punto de follarla, pero no hacerlo había sido una tortura para mí y no solo en esa noche, también lo fue por el resto de los siguientes días. En esa noche cuando marchó de mi habitación no fui detrás de ella, aunque quisiera, ya que respetaba su decisión, aunque para mí su razón era una estupidez porque no me importaba en absoluto coger con ella sabiendo que yo era su jefe y ella mi empleada. Al fin y al cabo éramos dos personas comunes y corrientes. Miércoles. Como estábamos en pleno verano y las vacaciones se acercaban, decidí cerrar la editorial y darles a mis empleados la semana libre, ya que oficialmente comenzarían las vacaciones de verano la próxima semana. Mi generosidad se debía principalmente a mi deseo de pasar más tiempo en casa, especialmente porque tenía un asunto pendiente con alguien en particular: Rachel. — ¿La piscina está lista? Julia: — Sí, ayer la vinieron a limpiar y ya está lista — De acuerdo Salí de la casa y me dirigí al patio, donde la piscina era mi única opción para combatir el calor, ya que no era fanático de la playa. Después de nadar durante unos minutos, me tumbé en una silla de madera para tomar el sol y broncearme un poco. Fue entonces cuando escuché un ruido y vi a Rachel jugando con la pequeña en el patio. Julia: — ¿Hace mucho calor, no? — Ajá Julia: — ¿Quiere que le traiga algo de tomar? — No Julia: — Rachel, ¿cómo estás? Ella se acercó a Rachel y estuvo hablando con ella y como no estaban tan lejos de mí pude escuchar su conversación. Julia: — Si quieres meterte a la piscina, hazlo y de mientras cuido a la pequeña Rachel: — No, así está bien Julia: — ¿Segura? Al señor no le molestará — dijo y Rachel me miró y la miré. No obstante, no supo que le veía porque yo tenía gafas oscuras y mis ojos no se veían. Por último, no supe qué más le dijo Julia, pero lo que le haya dicho le convenció y eso hizo que Rachel dejara que Julia se fuera con la pequeña para cuidarla adentro de la casa. Luego de unos cuantos minutos, ella volvió cubierta con una toalla blanca. La miré, aprovechando de que tenía las gafas y haciendo como si estaba dormido, cosa que se la creyó porque me miró confiada y se quitó la toalla frente a mí, dejando a la vista el bikini color azul que llevaba y que resaltaba en su piel blanca. Su cuerpo era esbelto y sus curvas se notaban mucho. — ¿Quieres que te la eche? Ella se estaba echando crema solar, pero no alcanzaba para echarse en la espalda y con lo que dije la asusté, ya que, como había dicho, ella creía que estaba dormido. Rachel: — No, lo haré sola y, sino que le diré a Julia Ella, más necia que yo, intentó echársela sola, pero no sirvió. — Julia está ocupada con la pequeña, así te la echo yo — dije, me levanté y me acerqué a ella, pero se negó. — ¿Por qué no quieres? No te haré nada — mencioné, no estuvo al cien por ciento segura, pero al final me dejó hacerlo. Así pues, me eché un poco de crema en las manos y se las pasé por la espalda. — Acuéstate boca abajo Rachel: — ¿Para qué? — preguntó y sonreí con su pregunta. — Será más fácil echarte la crema, pero si quieres que te haga otra cosa solo dímelo Mis palabras la pusieron nerviosa, pero ansiosa, quizás por recordar lo que hace unos días pasó entre los dos. Rachel: — Está bien, pero que sea rápido — ¿A qué te refieres? A que te eche la crema o... Rachel: — ¡Agh! ¡La crema! Procedió a acostarse boca abajo y pude echarle la crema solar por toda la espalda. Mientras lo hacía, noté que ella arqueó la espalda y levantó su culo, con la intención de provocarme y lo consiguió porque tener cerca su cuerpo y en disposición de hacerle cualquier cosa estando así, me volvía loca la cabeza. Rachel: — ¿Puede echarme aquí? — preguntó tomando mi mano y poniéndola encima de su nalga, haciéndose la inocente, pero de eso no tenía nada y de ello me di cuenta la vez en que por poco follamos. Dentro de ella guardaba la diabla interna que llevaba, adicta a lo sucio y a lo morboso en cuanto en el sexo se tratase, y eso yo lo quería conocer. Por otro lado, en vez de echarle crema, apreté su nalga con mi mano. — Si quieres, solo dímelo Rachel: — Nos odiamos, ¿no lo recuerda? Además, soy una monja tímida — dijo dándose la vuelta y quedando boca arriba. — Eso podemos arreglarlo Rachel: — Yo creo que no — Te haces la santa, pero por dentro sé que no lo eres Rachel: — ¿Ah sí? — Sé que te gustaría que te tomara ahora mismo, que te quitara el bikini y que te empezara a follar aquí mismo — dije y ella se mordió el labio. Rachel: — Sé que no se atrevería. Estamos al aire libre y posiblemente alguien nos vería — ¿Quieres apostar? — reté y ella rio. Se levantó y se metió en la piscina sin responder a mi pregunta, por lo que me metí también y cuando ella se puso a un lado de la alberca, agarrándose del borde con las manos, me puse detrás de ella, tomándola por la cintura y la puse contra la pared. — ¿Cómo te gustaría que te follara? — susurré y ella tiró la cabeza hacia atrás, poniéndola encima de mi hombro. Rachel: — Con que no lo haga como mi ex es suficiente — dijo y puso su mano atrás de mi cabeza, en mi nuca. — ¿Tienes curiosidad por saber qué haré? Rachel: — Varias veces le he escuchado teniendo sexo y quisiera quitarme las dudas y saber de lo que es capaz Julia: — ¡Señor Harris! — gritó desde la casa y me separé de ella en seguida. — ¿Qué sucede? Julia: — Su teléfono está sonando. Es Brandon y le he dicho que se espere y que ya le regresará la llamada — Vale, ahora voy Ella se fue y cuando lo hizo quité el nudo del sostén del bikini a Rachel. Rachel: — Espere, ¿qué hace? Devuélvamelo Me salí de la piscina y me guardé la prenda en el bolsillo de mi short. Rachel: — ¡Señor Harris! — gritó intentando taparse los pechos y yo solo reí. — Te espero en mi habitación a las nueve de la noche Rachel: — Al menos deme una toalla para taparme, no puedo andar así — mencionó y no quería dársela, pero se la di. RACHEL El señor Harris me había hecho una propuesta y eso sí que me asombró, bueno, en realidad no, visto lo que pasó hace días y sabiendo que las ganas de esa noche aún no se habían apagado. Luego, me salí de la alberca y rápidamente me tapé con la toalla. No quería que nadie me viera así porque estaba con los pechos al aire. — ¡Ah! Julia, ¿te puedes quedar con la pequeña esta noche? Julia: — Está bien. ¿Estarás ocupada? — Em, sí Julia: — De acuerdo, no te preocupes Sonreí para agradecerle, pero me daba vergüenza en gran parte mirarla a los ojos porque era consciente de que esa noche follaría con su hijo y eso, sin duda alguna, me parecía como una falta de respeto porque ella era como una amiga para mí. Sin embargo, no podía dejar que esos pensamientos y que la culpa me invadiera. Si el señor Harris y yo queríamos hacerlo, esta vez lo teníamos que hacer. Era mi única oportunidad para saber a qué sabían sus estocadas y con respecto a que él era un mujeriego, pues eso sería difícil de cambiarlo, pero en este instante, lo que más tenía relevancia era el hecho de olvidarme de todo, incluso de saber que el señor Harris era mi jefe. Simplemente, tenía que dejarme llevar. Disfrutar de ese momento único porque nadie sabía si se volvería a repetir.
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