Capítulo 28

1743 Palabras
RACHEL 21:10 pm. Estaba sentada en mi cama, sintiendo la tensión en el aire. A pesar de que la hora acordada había llegado, la invitación peculiar del señor Harris por la mañana me hacía dudar. Mis nervios estaban al límite, pero finalmente reuní la valentía para levantarme y acercarme a la puerta de su habitación. Sin embargo, justo antes de abrir la puerta, me paré en seco y regresé a sentarme en mi cama. ¡Dios! Es que estaba temblando. Ni que fuera la primera vez que tenía sexo, pero si sería la primera vez que lo hacía con un hombre guapísimo y que me ponía caliente con solo mirarme. «Rachel, sé valiente. Solo irás a hacer lo que sea y ya está. ¡Ni que fueras a casarte con él!», pensaba y eso me ayudó a nuevamente levantarme. Reuniendo mi valentía, me dirigí hacia la habitación del señor Harris, que tenía la puerta abierta, así que entré sin llamar. Inicialmente, no lo encontré en la habitación, pero de repente surgió del baño, secándose el cabello con una toalla. Había terminado de ducharse y llevaba puesto un chándal n***o, con su torso al descubierto. Cuando me vio, esbozó una sonrisa de lado y se acercó hacia donde yo estaba, dando cinco pasos. Anton: — Pensé que no vendrías — Bueno, si quiere me voy — dije y tragué saliva. Anton: — Cierra la puerta — Mm Me quedé dudando. Indecisa si dar la vuelta y salir corriendo o quedarme ahí con él, pero ya no podía. Tenía que ser valiente y enfrentar lo que estaba a punto de pasar. Por fin, él cerró la puerta por mí, poniéndole seguro y mis piernas se pusieron a temblar con el sonido que hizo la cerradura. Ahora sí, ya no tenía escapatoria, al menos que me lanzara por la ventana. Anton: — Te veo un poco nerviosa — susurró a mis espaldas. — ¿Nerviosa? ¡Nah! Obviamente que era mentira. ¿Quién se iba a creer eso? Anton: — ¿Una copa? Me ofreció una copa de vino y no me pude negar. Tenía que tranquilizarme y que el alcohol me ayudara a olvidar todo y a dejarme llevar. Anton: — ¿Algo en especial que quieras pedirme antes? — ¿A qué viene esa pregunta? Anton: — Por lo de antes. Me dijiste que me escuchaste teniendo sexo, así que ¿no te molestaría que te hiciera gritar así como a las otras? — Yo soy única, ¿sabe? Y yo considero que las palabras no valen, sino que son los hechos los que más prevalecen — expliqué y él se acercó a mí. Anton: — Vale, lo que digas Estiró su mano, me tomó de la mía, me levanté de la silla y él de una zancada me llevó hasta la pared, poniéndome contra ella de espaldas y él se topó a mi cuerpo. Todo había sido tan rápido que no pude pensar con claridad. Anton: — Una cosa te voy a decir. Conmigo no seas una santa, una refinada o una respetuosa. A partir de este momento, quiero que saques lo que llevas dentro, la perra que te gustaría ser y que escondes cuando me ves Sus palabras me calentaron, eso estaba clarísimo, pero no sabía si tomarlas como un insulto, como un halago. Igualmente, no aguanté las ganas y quien dio el primer beso fui yo. — Entonces hágame serlo — murmuré mirando a sus labios después de apartarme de él y en cuanto lo dije, me pegó contra la pared. Aprovechando que andaba falda, solo metió sus manos por debajo de ella y bajó mis bragas. Luego, abrió un bote de lubricante y se echó unas cuantas gotas en los dedos. Empezó a tocar mi intimidad con sus dedos y mientras tanto me miró a los ojos con mucha intensidad. Así nos mantuvimos por unos minutos, hasta que me empecé a mojar y ahí fue cuando me dio la vuelta y quedé de espaldas a él y ahora tenía de frente la pared. Entonces, se alejó por un instante y escuché que abrió un sobre de plástico. Bajó el cierre de mi falda, también mis bragas y cuando cayeron sobre mis pies me morí de vergüenza. Él estaba observando mi trasero y no podía sentirme más avergonzada como lo estaba en ese momento, pero ¿por qué me daba vergüenza? Me tendría que dar igual si le gustaba lo que veía o no, ese no era mi problema, por lo que, mientras pensaba en ello, él me dio una nalgada y sus palabras me sacaron de dudas. Anton: — ¿Vaya culo que tienes, no? Ni acabó de decirlo y me obligó a inclinarme sobre la pared. Lo próximo que hizo fue abrir un bote de lubricante para después meter su pene en mi ano, enredando mi cabello en su puño y jaló mi cabeza hacia él. Nunca me lo habían hecho por ahí, pero tenía curiosidad por saber qué se sentía ser penetrada por ahí. ¡Dios! Esa sensación no se comparaba con nada de lo que antes hubiera experimentado y eso que no lo había metido entero, solo estaba introduciendo hasta la mitad y se sentía demasiado bien, por lo que cuando empezó a aumentar la velocidad de su saca y mete no paré de jadear. Anton: — ¿Te gusta así? — preguntó con la voz agitada y no podía responder, mis piernas estaban comenzando a desfallecer y un próximo orgasmo se hacía presente, aunque lleváramos poco tiempo de haber iniciado. — ¡Ahh! Ya habían pasado varios minutos y con la última estocada ya no soportaba estar de pie y me arrimé a la pared, cansada, demasiado extasiada y eso que aún había que hacer otras cosas. El señor Harris se salió de mí, me volvió a dar la vuelta, quedado los dos de frente y crucé mis brazos alrededor de su cuello. Nuestras respiraciones estaban muy agitadas. Él me subió y me aferré a su cadera con mis piernas. Me llevó hasta la cama, cayendo encima de mí y volviendo a besarme, pero esta vez repartiendo sus besos por todo mi cuello y pechos. Luego, se separó, se bajó el pantalón porque todavía lo llevaba puesto y se cambió el preservativo, dejándome ver por primera vez su m*****o, el que me hizo pensar en cómo había entrado en ese espacio tan reducido porque de tan grande que era no pensé que era posible. Así pues, se volvió a acercar, me tomó de las piernas y las puse casi sobre sus hombros y la metió sin esperar más. Me dolió un poco, no nos vamos a engañar, pero ese dolor fue compensado con varios placeres próximos. Se movía demasiado muy bien. Sus estocadas eran calculadas a la perfección. Así que, por varios minutos, nos mantuvimos así hasta que cambió de posición y yo me monté encima de él. Inicié con movimientos de atrás hacia adelante, sintiendo como se metía con más profundidad su pene en mí, lo que mi v****a agradecía porque se sentía extremadamente placentero. Luego, me jaló a él y quedé a un lado de su cabeza para que empezara a follarme con mucha velocidad y teniéndome siempre en su control. En ese momento no quería pensar en nada que no fuese en ese preciso instante y eso me ayudó a dejarme llevar por mis oscuros deseos que tenía hacia el señor Harris, para decir que hasta hubo ocasiones en las que tuve sueños húmedos por él. Y es que tener a un hombre como él de jefe y mucho más viviendo en la misma casa, era una tortura y difícil no imaginarse situaciones llenas de lujuria que con suerte podían llegar a pasar y, sino, solo quedaría la opción de imaginarlo. Unos cuantos minutos más adelante, él se salió de mí y ahí creí que acabaría todo. Se levantó y yo tenía pensado hacer lo mismo, pero no, el final aún faltaba por llegar. Anton: — ¿Creíste que eso era todo? — preguntó arqueando una ceja y abriendo mis piernas porque las cerré cuando se levantó y lo siguiente que hizo fue poner su cabeza en medio de ellas. — Bueno, no sabía que... ANTON No quería escucharla hablar, solo quería hacerle lo que estaba deseando desde hace varios días, así que sus palabras quedaron a medias porque pasé mi lengua por su húmedo e hinchado clítoris, palpitando constantemente. Ella arqueó la espalda, dando a entender que la sensación que estaba experimentando le gustaba. Seguí pasando mi lengua por sus labios e introduciéndola en su v****a. Con cada vez que le tocaba ella gemía, lo estaba disfrutando y eso me excitaba aún más. Seguidamente, metí dos dedos hasta llegar al punto G, en el que comencé a realizar gestos con los dedos, acariciando esa parte en la que ella disfrutaba el doble. De mientras, iba sintiendo sus fluidos en mis dedos. Ella se retorcía de placer y se mordía el labio por no gritar y fue ahí, en ese instante en el que me di cuenta de que me excitaba verla así, gimiendo, llena del placer y de la lujuria que yo le causaba. Por consiguiente, la vi a punto de venirse, cerrando y apretando sus ojos, lo que me hizo sacar mis dedos y sin tiempo que esperar metí mi m*****o en su húmeda v****a y eso la hizo sorprenderse y gritar de placer. Me moví solo dos veces con mucha profundidad y sus fluidos empezaron a lubricar todo. Abrió los ojos y me miró. Pasó sus brazos alrededor de mi cuello y me besó con muchas ganas y pasión. Haciéndome sentir algo que nunca me había pasado. Era como una sensación de agradecimiento, como si con ese beso me mostrara que todo lo que hice no fue en vano. Y así siguió por unos cuantos segundos más. Besándome mientras su pulso volvía a normalizarse y apretando mi cabello y nuca mientras me daba un beso que en los siguientes días, por no decir nunca, olvidé porque, fue uno de esos besos llenos de fuego, que me volvió loco desde ese instante y que jamás me había sucedido, es más, con las mujeres que follaba nunca me besaba. Siempre me negaba, aunque ellas quisiesen, pero la verdad era que yo con ellas solo iba por un objetivo, el cual era coger, sin más, no estar dándome besos mientras perdía el tiempo.
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