Capítulo 7
— ¿Quién es ese chico tan guapo?
— Es tan lindo.
— Parece un príncipe.
Sora frunció el ceño al escuchar a sus compañeras de residencia quienes se alistaban o terminaban de desayunar como ella. Tres de ellas estaban mirando por la ventana, justamente el celular de Sora vibró con un mensaje, llevó una cucharada de cereal a su boca antes de leerlo.
Jimin:
Estoy afuera.
La chica comenzó a toser casi ahogándose, Jimin no le había dicho que pasaría a buscarla tan temprano, se levantó de la silla corriendo a la ventana, apartó a las chismosas y entonces Jimin la divisó en el tercer piso de aquel edificio. Su auto estaba allí y él estaba allí, su cabello castaño brillaba con la luz del sol, llevaba unos Jeans algo ajustados a sus piernas, zapatos negros junto a un suéter del mismo color que le hacía lucir hermoso.
"Incluso así luce ridículamente hermoso"
— ¿Lo conoces? —preguntó una de las chicas llamando su atención.
— ¿Es tu novio? —sonrió otra.
— Vaya, y yo pensaba que no debía preocuparme por ella.
— Es sólo un caso de mi clase—mintió cerrando las ventanas.
Mientras tanto, Jimin miró alrededor, la residencia donde Sora se estaba quedando estaba en plena calle lo cual era bueno, no la imaginaba llegando tarde de clase, el edificio constaba de cinco pisos solamente, se preguntó si la chica comía bien, por esa razón había llegado temprano, quería invitarle el desayuno antes de enfrentarse a JeongYeon.
Aunque siendo honesto, con Sora a su lado no sentía tanto miedo.
Unos minutos después, Sora subía al auto con su bolso y algo de ropa cómoda para el verano. La chica lucía algo agitada.
— Buenos días—sonrió un poco.
— ¿Por qué viniste tan temprano? Tuve que darme una ducha de segundos, creo que rompí récord—se colocó el cinturón de seguridad.
— Supuse que no estabas comiendo bien por tu reciente regreso y pensé en invitarte a comer algo...
— Estoy bien, no necesitas eso—Sora pasó sus manos por su cabello mirándose en el espejo retrovisor. A Jimin le gustó como sus mejillas estaban algo coloradas por el ligero calor—Por cierto, ¿Acaso tienes algo que ver con el hecho de que JungKook no pueda venir por un supuesto problema en la academia? —levantó una de sus cejas mirándolo.
Ahora Jimin era el sonrojado.
— No, para nada—colocó las manos sobre el volante mordiendo su labio. Por el repentino silencio miró a la chica, ésta entrecerraba sus ojos sospechando, Jimin sonrió nerviosamente explicándose—No me parece que él deba venir.
— Es mi amigo.
— Es tu ex.
— ¿Eso qué? Para tu información, JungKook apoya lo que hago y apoya también que arreglemos las cosas—soltó de la nada queriendo golpearse al instante. Jimin y ella guardaron silencio sin saber que decir, Sora intentó arreglarlo, pero ya era muy tarde—Lo siento, hablé de más.
— Siempre hablas de más—asintió encendiendo el motor—Extrañaba eso—comenzó a conducir—También lo siento, Sora. Espero que puedas perdonar lo que hice.
— Creo que debemos enfocarnos en las niñas y luego hablaremos de esto—aclaró su garganta—Debemos entregarle la carta a JeongYeon.
— Podría estar en casa, pero no me apetece ir, Taemin debe estar allí, es preferible ir a su agencia.
— ¿Hablas de ir a su trabajo? —lo miró y arrugó la nariz—Espero que sus compañeras modelos no sean como ella.
JiYeon se encontraba sentada en aquel columpio del jardín de su escuela, sus piecitos colgaban de manera adorable, su brazo derecho dolía, el día de ayer había estado tan contenta de ver a su omma que sólo cuando vio que Taemin había ido a buscarla su felicidad se esfumó, de nuevo le llevó la contraria diciéndole que no le temía pero éste la jaló del brazo al llegar a casa, le había repetido algo similar y esa mañana cuando JeongYeon se fue al trabajo volvió a tomarla del brazo obligándola a limpiar lo que él había ensuciado comiendo.
Para entonces tenía un ligero color rojo en su brazo, dolía un poco.
Suspiró pensando en su hermana y en su padre, los extrañaba mucho, quería verlos pronto. Aquellos pensamientos se fueron de su mente cuando algo tocó su espalda, volteó a ver sin distinguir a nadie, regresó a su sitio sintiendo otro golpecito en su cuello.
Un grupo de niñas le arrojaban pequeñas piedras desde los arbustos y JiYeon suficiente tenía en casa, no dudó en devolverle la jugada a las malvadas niñas alcanzando a darle a una en el ojo.
El auto de Jimin se detuvo frente a un edificio delgado, pero de varios pisos con un color n***o. Sora le echó un vistazo en lo que Jimin estacionaba mejor el vehículo.
— ¿Alguna vez las niñas vinieron aquí? —susurró Sora cuando Jimin estuvo a su lado.
— No, nunca le gustó que vinieran a verla trabajar.
— Entiendo, será mejor que esperes aquí y yo...
— Ni loco, quiero entrar contigo, vamos.
Sora lo siguió dejando que él hablara en recepción, muchas mujeres lucían sacadas de una revista, notó también que casi todos se le quedaban mirando a Jimin. Tuvo que hacer un esfuerzo por mantenerse derecha y no encogerse.
— ¿Estás bien?
— No debiste entrar, todos te están mirando.
— Supongo que saben de mi exitoso matrimonio—susurró.
— Esto tiene que ser una broma.
Sora reconoció esa voz. Giró sobre sus talones encontrando a esa mujer que la recibió en casa de los Park siendo tan intimidante, perfecta y...arrogante. Yoo JeongYeon tenía su cabello un poco más largo que antes, pero de un color rosa que no le quedaba mal (incluso Sora envidió que le quedara tan bien)
Al menos Jimin no se equivocó al creer que estaba allí.
Lo primero que Sora hizo fue sacar la carta y entregársela con un semblante serio, la última vez le había advertido que se comportara delante de las niñas.
— ¿Qué es esto? —sonrió burlonamente—Oh, no me digas, se casarán al fin. Vaya Jimin, no pensé que abandonarías a tu hija así...
— Yo no abandoné a JiYeon, eres tú quien no me deja verla.
— Luego discutirán esto—Sora intervino—Es una contrademanda, espero que no la arruines porque puedo enviarte muchas más.
— ¿Qué? —bufó— ¿Tienes otro abogado, Jiminie?
— Yo soy su abogada—Sora se apresuraba a hablar antes de que Jimin dijera algo—Mira, no te interesa saber nada más, sólo toma la carta, prepara tus mentiras de nuevo que yo me encargaré de sacarlas una a una, ¿Sí? Bien, Jimin, vamos—y lo sacó de allí jalando su brazo.
Y nuevamente le callaba la boca a esa mujer.