Siento como si el tiempo se haya pausado al oír sus palabras. Como si no existiese nadie más, solo él y yo en todo el gran recibidor. Me concentro en sus ojos, y me pierdo en el azul intenso de su color. De todas las palabras que Albert me ha dicho, estas sin duda se sienten talladas con fuego en mi corazón. Por cinco años ha estado este cuadro aquí, cinco años donde el ha venido e ido, viéndolo con la esperanza de tenerme a su lado. Cinco años amándome en secreto, a la distancia, esperando poder algún día tenerme, tocarme, hacerme suya. —¿Cada vez que lo veías, me veías a mí? —Siempre —me responde con toda la seguridad que lo caracteriza. Le sonrío, pero mis ojos me arden debido a las lágrimas contenidas. Pero no de tristeza, sino más bien de felicidad, del intenso amor que le tengo, y

