Sentada en sus piernas, lo he visto leer documentos que no comprendo, firmar muchas veces otros, leer correos con números, estadísticas, balances y cortes. Hacer llamadas, y recibirlas también. Todo eso, mientras yo estoy bastante cómoda encima de él. Cuando Dana le trajo su café, y mis dulces, sinceramente no sentí vergüenza, en cambio, me sentí satisfecha de que nos viera. Fue un sentimiento extraño para mí, el cual me impulsó en sonreírle con algo del suficiencia, mientras ella colocaba todo frente a ambos en el escritorio. Hasta ahora, ella se ha mostrado totalmente profesional y respetuosa, pero solo lo hice, y luego de que nos dejara a solas, me sentí avergonzada de hacerlo, porque el hombre que me está haciendo de cómodo asiento, besó mi hombro y me dijo al oído que no tenía que

