POV: Consuelo.
Lo siguiente que sucedió que podría considerar relevante fue un trece de marzo, tuve a mi querido Alexander entre mis brazos, fue un parto difícil por la carencia de instrumentos pero lo logramos con éxito.
Las cosas entre nosotros se complicaron, al ser tres bocas la comida tenía que multiplicarse, máximo a veces dejaba de comer para entregarme su comida, decía que mi salud era la prioridad, después de todo era mi deber amamantar sanamente al bebé.
Mi querido Alexander fue una bendición que trajo consigo una pequeña dificultad, en su rostro se podía notar que algo no estaba bien, eso no fue impedimento para que nosotros lo amaramos enormemente pero si ocasionó en mi un miedo terrible, sabía que este mundo no estaba hecho para él y así fue como nació la idea de volver a aquel paraíso artificiales con las luces radiantes que veíamos desde lejos.
Máximo se negó hasta decir basta, no obstante Dios escuchó mis súplicas y la utopía le dio la oportunidad a esta distopía.
Ya no habían razones para obtener un no y después de explicarle mis motivos más de mil veces a máximo este término aceptando a regañadientes.
Los hombres que venían de aquella ciudad, hicieron un estudio en toda la zona para seleccionar un pequeño grupo de personas a las que se les daría la oportunidad de volver.
Para nuestra suerte nosotros fuimos los últimos en obtener esa oportunidad.
Mi esposo, mi bebé y yo daríamos un gran salto para salir de este charco.
Me percaté de dejar bien asegurada la casa por si nos tocaba volver.
Al llegar al nuevo mundo se nos asignó un hogar, vivimos un período corto en estas casas de fantasía, los hombres que habían ido por nosotros nos visitaban a diario para hacer exámenes, nunca pregunté el porqué, mi felicidad me cegó.
No se nos permitía salir pero a mí me daba muy igual, pasaba todo el día en casa consintiendo a máximo con miles de recetas que jamás había intentado hacer y el bebé Alexander se divertía con los juguetes que se le habían regalado, todo era como un sueño
Lo peor sucedió, querían que volviéramos a ese horrible lugar de donde nos habían sacado, les rogué para que nos permitieran quedarnos, estábamos dispuestos a hacer cualquier cosa, éstos hombres de trajes negros, altos y poco simpáticos sonrieron con malicia, queriendo llegar a un acuerdo con nosotros.
Llamaron a uno de sus superiores para que hablara con nosotros sobre la gran propuesta, me tenía muy intrigada y algo asustada pero cualquier cosa valía la pena para asegurarle un futuro a mi familia.
Un hombre de contextura grande con cables en la cabeza y un peinado ridículo entró a mi casa, sentándose en la mesa listo para llegar a un acuerdo, este sacó de su maletín unos papeles que quería que firmáramos.
Máximo, siempre a la defensiva pidió respuestas ¿Para qué eran estos papeles?.
Yo intentaba tranquilizarlo para que el hombre no se espantara.
—Bien como ahora los veo un poco más relajados, hablemos de negocios — Dijo él — Hay algo que ustedes tienen que a nosotros nos gustaría tomar prestado.
—¿Qué será? — Pregunté inmediatamente.
—A su preciado bebé — Contestó sin pestañear este hombre.
—Por supuesto que no — Respondió Máximo alzando la voz.
—Entiendo sus preocupaciones pero les prometemos que no le haremos daño, solo nos interesa hacerle unas inofensivas pruebas que por supuesto les otorgará el derecho de vivir definitivamente en la ciudad, siendo unos ciudadanos legales jamás se tendrán que preocupar por volver a esa miseria — Dijo intentando convencernos.
—Denos un momentob— Dije para salir de allí tomando la mano de mi esposo.
—Estás loca si piensas aceptar — Decía máximo con altanería.
—Lo sé, sé que crees que es una mala idea pero debes pensar en que nuestro pobre niño no sobrevivirá abajo con esas bestias, por favor piensa, jamás tendremos otra oportunidad así — Contesté acariciando su brazo, casi apuntó de llorar para lograr obtener su apoyo.
Esté suspiró mirando al suelo para luego de unos segundos verme a la cara.
—Está bien — Respondió.
Yo casi saltaba de felicidad, lo llevé conmigo para salir del pasillo donde nos encontrábamos hablando y poder cerrar el trato.
—Señor…
—Puede decirme techno, señorita — Dijo con una enorme sonrisa este hombre.
—Señor techno, aceptamos su trato — Dije con alegría en mis palabras.
Firmamos los papeles, Máximo aún no se veía del todo convencido pero yo estaba segura de que todo saldría bien.
Al terminar, este hombre se levantó de la mesa, estrechó su mano con las nuestras y le pidió a sus hombres ir por Alexander.
—Espere ¿Se lo llevarán en este preciso momento? — Preguntó Máximo sorprendido.
—Por supuesto, señor, si quieren a su hijo lo más rápido posible mejor empezar desde ya — Contestó Techno saliendo de nuestra casa.
Máximo se veía enfurecido, a tal punto de casi cometer un grave error.
—Calma cariño recuerda que esto lo hacemos para que nuestra familia no vuelva a sufrir — Comenté sobando su hombro.
Pedí ser yo quien les entregara a Alexander, ellos aceptaron mi petición, subí a su cuarto dejando caer unas cuantas lágrimas al suelo.
—Te prometo, bebé, que pronto estarás con tus papás, sabes que te quiero infinitamente Alexander — Dije abrazándole fuertemente.
Bajé con él entre mis brazos, Máximo se despidió dándole un gran beso en la frente.
—Nos veremos pronto, campeón — Dijo con una gran sonrisa.
—Por favor les ruego que cuiden a mi hijo — Supliqué entregándoles mi alma a estos hombres.
Ellos lo arrancaron de mis brazos, siendo muy bruscos a mi parecer.
—No se preocupe, señora, se lo devolveremos a la brevedad — Contestaron para luego salir por la puerta de mi casa.
Máximo me abrazó, podía percibir sus emociones, como si tuviese el corazón en la garganta, rogando para que estos días fuesen los más cortos de nuestras vidas.
Pasaron los meses y estos mismos hombres volvieron a nuestra casa, me animé demasiado al verlos, en realidad tenía días sin comer bien.
Ellos nos pidieron montarnos al coche en el que habían llegado, Máximo preguntó a dónde iríamos y estos respondieron que hoy trece de marzo sería el gran día de volver a reencontrarnos con nuestro bebé.
A Máximo y a mí nos envolvió la felicidad.
—¿Qué tal se comportó mi querido Alexander en las pruebas? — Pregunté emocionada.
—Todo ha salido a la perfección, señora — Contestaron al mismo tiempo.
Fue muy escalofriante pero no me importaba nada más que volver a tener a mi hijo entre mis brazos.
Estuvimos unas largas horas en carretera hasta que finalmente llegamos a nuestro destino, nos pidieron bajarnos del coche (que por cierto me tenía maravillada, nunca antes había estado en un medio de transporte que levitara) fue una experiencia muy innovadora.
Al estar afuera nos mandaron a esperar en silencio.
—¿Qué se supone que debemos esperar aquí en la nada? — Preguntó máximo entre murmullos.
—No te preocupes, amor, seguro es un protocolo — Contesté con un extraño presentimiento, como una espina clavandose lentamente en mi cerebro.
Los hombres empezaron a hablar por teléfono, se voltearon y nos empezaron a empujar al risco, máximo y yo intentamos resistirnos pero la fuerza de estos hombres era anormal, sus brazos eran fríos y metálicos, su mirada no expresaba nada, parecían máquinas, cosa que luego afirmé.
—¿Qué demonios están haciendo? — Gritó máximo.
—Los llevamos a donde pertenecen, a su putrefacto mundo, ustedes son basura — Respondían al mismo tiempo.
Por mi parte yo solo gritaba por mi bebé, pero estos hombres solo repetían que éramos basura hasta que sin más nos lanzaron al precipicio.
Mientras caía nuevamente cruzó por mi cabeza que este sería mi fin, tal vez y solo tal vez estaba pagando el daño que le había ocasionado a mi familia.
«Perdóname madre».
Fue lo último que pude pensar antes de tocar el suelo y quedar inconsciente.