POV: Consuelo.
—Cariño, por favor responde.
Escuché la voz de máximo retumbando en mi interior, mi ángel de la guarda me había vuelto a traer a la vida.
Al abrir los ojos lo abracé tan fuerte que pensé que nos quedaríamos pegados, estaba confundida pero al menos feliz de verlo.
Me puse inmediatamente de pie y miré hacía arriba, no había nada ni nadie, empecé a llorar descontroladamente sintiéndome impotente.
—Calma, cariño — Decía máximo en busca de mi tranquilidad.
—¡No! Yo quiero mi bebé — Gritaba.
Al final del día me di por vencida, jamás volvería a ver a mi querido hijo.
—Volvamos a casa, mi amor — Dijo máximo envolviéndome entre sus brazos.
Yo asentí sin sentir nada más en mi pecho que un enorme vacío, pero sabía que no podía rendirme, volvería en busca de mi hijo.
Al caminar me crucé con una caja que se encontraba a unos cuantos metros de donde habíamos caído, esta tenía en la tapa mi nombre puesto con lapicero, me agaché para tomarla entre mis manos, me sorprendió no verla antes.
Al abrirla sentí como moría, me derrumbe con ella en mis manos, máximo fue a mi rescate, pero ya no había vuelta atrás.
Lloré a mares, y es que en esa caja se encontraba el corazón de mi querido Alexander junto a las ropas que llevaba el día en que se lo llevaron, esas bestias lo habían matado, ellos mataron a mi bebé.
Lo que pasó después es un poco borroso para mí, solo puedo asegurarte que las lágrimas jamás cesaron, siguen cayendo, siguen brotando de mi interior, no son visibles siempre y no cesarán hasta el día de mi muerte.
El camino a casa fue eternamente largo, recorrí esas sombrías calles con los restos de mi hijo entre mis brazos.
Ese trece de agosto se me arrebató todo.
Al llegar a nuestro destino escuchamos unos ruidos raros, encendimos inmediatamente las luces y nos encontramos con una pequeña salvaje, seguro ya podrás imaginarte de quién se trataba.
La pequeña Alison llevaba meses viviendo sola en nuestra casa, sobreviviendo a base de ratas y cucarachas, coloqué lo que quedaba de mi bebé en la mesa y me acerqué a ella, era tan arisca que no lo pensaba dos veces antes de intentar lastimarme, aún así la tomé entre mis brazos, le di unas pequeñas palmadas en las nalgas y la subí al baño, le di un largo baño de agua caliente, ella se veía confundida y aún así sonreía.
Vi en Alison a mi pequeño Alexander y le entregué lo que quedaba de mí.
Puede para muchos ser un acto miserable de mi parte y hasta el día de hoy me culpo por lo sucedido, pero si Dios me ha dado la oportunidad de volver a vivir en este mundo no defraudaría a nadie más, esta pobre niña era como yo, estaba en busca de una esperanza, yo quería dársela porque de cierta manera ella me la había dado a mi.
Máximo y yo preguntamos infinidades de cosas, una de ellas trataba de si conocía a sus padres, la pobre ni siquiera tenía un nombre.
Y con sus respuestas que partían nuestro corazón tomamos la decisión de hacerla parte de nuestra vida y así Alison se volvió nuestra hija.
POV: Precious.
Consuelo había terminado su relato, realmente había llegado a mi corazón con su conmovedora historia.
—Con esto que te he contado solo quiero que entiendas una cosa, y es que cuando te veo solo puedo ver a mi pequeño Alexander, veo las oportunidades que él nunca pudo tener, la vida que siempre deseé para él, eres justamente como imaginé que él sería y no sabes el dolor que me causa eso — Terminó por decir ella.
No supe cómo responder ¿que se supone que se dice en estos momentos? —Numero uno, mejor dicho Precious me disculpo por la forma en que te traté, quiero remendar mi error y para eso deseo comenzar de nuevo contigo dándote un hogar con nosotros, dándote la bienvenida a la resistencia — Dijo poniéndose de pie.
Me levanté nuevamente estirando mi mano para aceptar con alegría su invitación.
—Me alegra mucho que así sea — Contesté.
—Bienvenido, Precious — Dijo abrazándome, haciéndome sentir extrañamente en casa.