Mi estancia por el bajo mundo hasta los momentos se a tornado muy tranquila, he estado observando el trabajo del señor Máximo, se ha estado esforzando mucho estos días por mejorar la condición del hombre que cayó del cielo.
—Querida pásame el láser— Pidió Alison quien estaba también maravillada con el trabajo de su padre.
—Entendido capitán— Contestó.
—Espero que la cirugía no te causé miedo número uno— Dijo viéndome a través de sus anteojos.
—No se preocupe señor— Respondí echándome para atrás avergonzado.
—Toma papá— Dijo de regreso Alison.
—Gracias cariño.
Coloqué la mano fuera del tronco dónde me encontraba sentando, cayendo en el suelo viéndome aún más tonto.
Alison se carcajeaba mientras intentaba ayudarme a ponerme de pie.
—Querida necesito total silencio— Comentó el señor Máximo.
—Perdona papá— Contestó ella extendiendo la mano para ayudarme a levantar.
—Disculpa— Murmuré.
«Bien hecho precious».
Al comenzar la cirugía el señor Máximo removió las extremidades que no funcionaban correctamente y que por supuesto no tenían ningún reparo, intentó colocar nuevas pero ninguna encajaba.
—Un modo un tanto anticuado— Murmuraba él.
—Debiste revisar primero si tenías todas las piezas papá— Decía con ironía Alison.
El señor Máximo suspiro reconociendo que su hija tenía completa razón.
—Creo que me tocará salir en busca de más piezas— Comentó viéndose frustrado.
Nos pidió salir junto a él, no quería que ninguno de nosotros dos causará algún daño extra a lo que quedaba de aquel hombre.
—¿Hay alguien más aparte de ustedes que sea dueño de refacciones de piezas?— Pregunté ingenuamente.
Él señor Máximo sonrió ante mi pregunta mostrándose un poco confundido.
—Ser el primero o el único en el algo hoy en día es pedir imposibles número uno— Respondió mientras tomaba agua del grifo.
—¿Puedo ir contigo padre?— Preguntó emocionada Alison.
—Debes pedirle permiso a tu mamá— Respondió él zafándose de toda responsabilidad.
—Esto es tan injusto— Contestó molesta Alison.
Ella no le quedó de otra que ir a hablar con la señora Consuelo.
—¿A dónde irá tu padre?— Dijo en grito.
La señora Consuelo salió inmediatamente de su cuarto yéndose con furia a atacar a su esposo.
—¿Qué crees que vas hacer?— Preguntó alterada.
—Necesito más piezas amor y si no me apuró ese pobre hombre que ha venido por una segunda oportunidad terminara por quedar desconectado— Replicó.
—Es peligro y por supuesto que no puedes llevarte a la niña— Seguía diciendo en grito ella.
—Pero mamá eso no es justo.
—Ella tiene razón cariño, tienes que ver qué esto es una prioridad— Decía él en busca de convencer a su mujer.
—Pero al menos ve con Precious— Dijo como única forma de aceptar.
—¿No te molesta ir conmigo número uno?— Preguntó volteando a verme dándole nuevamente importancia a mi presencia.
Me sonroje de inmediato y sin pensarlo acepte.
—Ok, entonces partamos— Dijo para luego darle un beso en la mejilla a Consuelo— Prometo volver pronto amada mía.
—¡Tú te quedas conmigo!— Exclamó Consuelo repentinamente sujetando a Alison quien intentaba escapar.
—Nos vemos pronto— Dije despidiéndome.
—Bien número uno, ahora solo sígueme y toma— Dijo entregándome una máscara de papel— La perfeccione para ti— Agregó sonriendo.
—Gracias— Respondí tomándola.
Me fijé en las mejoras y noté como solo contaba con dibujos ellos con tiza.
—No te quedes atrás.
—Entendido— Contesté colocándome la bolsa en la cara para apurarme a seguirlo.
Sin previo aviso choque contra el poste que por supuesto estaba de adorno.
«Auch».
—Numero uno— Gritó.
—Voy— Contesté dirigiéndome a dónde se encontraba.
Nos adentramos a la ciudad, no había tenido la oportunidad de ver estas zonas.
Habían carros con ruedas pudriéndose en medio de las calles, la basura invadía todas las aceras, la carretera se encontraba tan agrietada que entendía porque jamás intentaron arreglar los autos.
La gente por otra parte denotaba mucha personalidad, habían cabellos de colores con distintos cortes, diferente estilo de vestir.
Podía ver hombres y mujeres maquillados de manera tan vintage, lograba traerme un poco de recuerdos de mi adolescencia.
Los abastecimientos eran muy normales, si se encontraban en deterioró y aseguró que parte del personal que trabaja en cada uno de ellos son ratas, me impresionaba que al menos hubieran.
—Señor Máximo discúlpeme pero tengo una duda— Dije acercándome a él.
—Dime número uno.
—¿Cómo logran conseguir alimentos?— Pregunté.
—Tenemos asociaciones con las ciudades marinas las cuales tiene accesos a alimentos del domo central— Respondió.
—¿Aquí hay un presidente?— Pregunté sorprendido.
—Por supuesto, es muy resiente y no sirve de mucho pero la ciudad de los miserables sigue siendo formada por humanos y un día un loco se paró en una plaza a prometer que si hacíamos caso a sus órdenes la ciudad de los miserables se volvería mejor que una utopía, aún hay muchas decisiones divididas pero la mayoría aceptó ya que después de todo fue la única manera de conseguir una oportunidad de salir de esta desgracia— Respondió.
Me sorprende que la humanidad se niegue a extinguirse.
—¿Por qué no se van todos a las ciudades marinas?— Pregunté con intriga.
—Son humanos mejorados para adaptarse a esas condiciones, no viven exactamente en el agua pero aún así se necesita ciertos requisitos para lograr tener una vida allí, además de que para entrar debes ser elegido o pagar igual que los humanos que llegaron a al planeta Marte, la mayoría es gente con plata o obreros que se necesitan para mantener el estilo de vida de esas personas— Contestó.
—¿Por qué nunca se interesó en mejorar su cuerpo?— Pregunté agachando la cabeza.
—Olvidar mi humanidad no es algo que deseó, vine a este mundo como una creatura preparada para vivir y morir y enserio no veo la necesidad de cambiar ese ciclo— Respondió mientras seguía caminando.
—¿De dónde me conocen?— Pregunté encogiéndome de hombros.
—Andas muy curioso hoy número uno— Respondió deteniéndose.
Choque con su espalda disculpándome inmediatamente.
—Lo siento— Dije avergonzado.
—No te preocupes— Respondió sonriendo— Me detuve porque ya hemos llegado.
Levanté la mirada para ver el gran teatro al que me ha traído.
—Maravilloso.