capítulo XVII "Máximo"

1592 Palabras
POV: Máximo. Al entrar al teatro le pedí a número uno que no hablara si no era yo quien se lo pedía, que estuviera siempre alerta y que evitara a toda costa provocar una pelea. Reaccionó de manera graciosa, en su cara se podía notar lo sorprendido que se encontraba, me extrañó ver un poco su expresión, me hacía pensar en lo bien diseñados que están estos androides en la actualidad. Ya adentro pude mostrarle como este teatro no es como cualquier otro, como el Internet es algo que se volvió exclusivo, nosotros los pobres no tenemos acceso a él, pero eso no impidió que el más astuto le sacará provecho a la situación. En este teatro las obras eran un poco subidas de tono, podías ver sexo sin censura, las salas se llenaban hasta no poder más y se les permitían a quienes compraban los boletos masturbarse en su asiento, nadie sería discriminado aquí y para comprobarlo te ofrecían papeles para limpiar tus fluidos. Los meseros eran nada más y nada menos que jovencitas a las cuales el dueño prostituye a un precio razonable. Aunque el bajo mundo intente aparentar que quiere salir a flote y ser parte de las grandes potencias, un lugar sin reglas jamás podrá tener el suficiente control para hacer esas fantasías realidad. —Buenas caballeros, vengo a hablar con Thompson — Dije dirigiéndome al poco personal masculino que se encontraba a los alrededores. —¿Nombre? — Preguntó sin verme a la cara. —Máximo — Respondí — Pueden decirle que uno de sus mayores compradores ha venido a ofertar — Agregué bromeando un poco. Para poder sobrevivir a estas condiciones de vida se necesita más que esperanza, se necesita astucia e inteligencia. Toda mi vida se ha basado en saber relacionarme con los peores tipos de estos lugares para poder obtener algo de ellos y que en ningún momento me vean como una amenaza. Uno de los dos hombres que se encontraba cuidando la entrada a una de las grandes salas se fue en busca de su jefe para notificarle mi llegada. Volteé para ver a número uno, este se veía sorprendido al ver en las columnas los títulos de las funciones. —Si, jóven uno, son pornografía — Dije en su espalda — Si gustas puedo traerte luego — Dije en broma. Él no tardó en avergonzarse, su manera de funcionar enserio me maravillaba, no podía creerme que un robot lograra imitar tan bien los sentimientos humanos. —No, señor Máximo, no tengo interés en esto— Contestó tartamudeando. —No es necesario que te avergüences, hay para todos los gustos — Contesté guiñándole un ojo. Este se sonrojo de inmediato moviendo la cabeza a los lados para negar mi suposición. —Disculpe, señor Máximo, mi jefe estaría agradecido en hacer negocios con usted— Comentó volviendo a aparecer el hombre de las gafas oscuras. —Muchas gracias, caballeros — Respondí tomando a número uno del brazo para no perderlo de vista. Al pasar el telón, llegamos a una zona del teatro que solo era permitida para los negociantes del gordo Thompson y algunos trabajadores. Aquí las atrocidades eran muchísimo peor, pues las violaciones no eran actuadas y el tráfico de menores sin hogar se manejaba con una frecuencia asombrosa. Me daba un poco de dolor ver cómo desmoronaban a estos pues solo podía pensar en mi pequeña Alison al verlas, pero meter mis manos por ellos solo llevaría dolor a mi familia. Es una guerra que por los momentos no puedo ganar y por ello no puedo arriesgarme a desatar. —Pero miren quien ha vuelto — Dijo alegre Thompson levantándose de su trono para recibirme con un abrazo. —Hola, viejo amigo — Contesté recibiendo su abrazo. —Cuanto tiempo ¿A qué se viene este honor? — Preguntó sonriendo. —He venido a visitarte ¿Tan extraño es eso? — Pregunté riendo. —Pues, un poco, desde que eres hombre de familia— Respondió en broma — ¿Quién es el pequeño? ¿Acaso una ofrenda para mí? — Preguntó interesando inmediatamente en número uno. —No seas tan grosero Thompson, te presento a mi acompañante, él es Cosmo, hijo de un amigo, estoy a su cuidado por unos cuantos meses — Contesté. Él seguía maravillado con número uno, sin duda eso resultaría un problema, con suerte mi mentira seguiría en pie y no tendría que preocuparme de nada. —Ya que nos hemos saludado es mejor empezar a hablar sobre negocios — Dije para acabar con sus retorcidas fantasías. —Oh por supuesto y por cierto agradecería que le digas a ese amigo tuyo que aquí también estamos a la orden para cuidar de cualquier jovencito — Comentó — Y más si son así de guapos — Murmuró. Suspiré para no romperle la nariz, la repulsión que me causaba era inimaginable. —Necesito cierta pieza — Dije mientras pasaba mi mano por mi cabello. —Claro que puedo ayudarte, ven conmigo para que la selecciones tu mismo — Contestó él con la mirada aún fija en mi acompañante. —Vamos — Dije a número uno quien se encontraba encogido de hombros. —Mi querido Máximo sabes que los nuevos no tiene permitido ver mis juguetes, él se tendrá que quedar en tu espera — Dijo Thompson. «Maldición». —Entendido — Respondí evitando mostrar inseguridad. Me causaba mala espina dejar a número uno tanto tiempo solo y más en un lugar como este pero no tenía otra opción que confiar en que él lograría cuidarse por si solo, además haré todo lo posible para no tardar demasiado. —No te muevas de aquí — Murmuré. Él asintió intentando ocultar el miedo que rodeaba evidentemente su cuerpo. Seguí al gordo Thompson llegando a su zona de juegos. Este maldito bastardo tenía gustos macabros, siempre pensé en qué si el demonio existía su semejanza era sin duda este hijo de la gran puta. Tenía alrededor de las paredes a jovencitas robotizadas colgadas para su diversión, el enfermo se divertía violándolas y en el proceso desmembrándolas. De joven pregunté el motivo de su gusto, ese día entendí que la curiosidad solo causaba dolor, terminé con una enorme raja en la mejilla derecha que por suerte los años han desaparecido de mi rostro. —Bueno, Máximo, estás como en tu casa, puedes escoger a cualquiera de estas chicas — Dijo él señalándolas a todas. Él las mantenía desconectadas normalmente para no escuchar sus lamentos, cuando su mugroso y pequeño pene no estaba erecto, estas chicas pasaban a ser basura para él. Miré a cada una de ellas, todas desnudas por supuesto, Consuelo se consumiría en locura si ve tal acto. —Creo que esta me servirá — Dije señalando a la chica. —Buena elección, como siempre — Contestó sonriendo. Encendió a la chica para escuchar una vez más sus dolores, esta le suplicaba por piedad mientras lloraba a mares. —Calma, cariño ya no sufrirás más — Le decía él. Tomó su cuerpo en sus grandes manos y con una fuerte maniobra la separó de su cabeza, fue tan delicado que no daño ninguno de los componentes. —¡Listo! toda tuya — Comentó en broma él. Sonreí para seguirle el juego pero por dentro solo me imaginaba mil formas de matarlo. Normalmente las chicas que solían quedar con solo su cabeza terminaban por ser ejecutadas, fundían sus restos en lava y las convertían en reliquias o joyas. Al salir me percaté que número uno no se encontraba, me asusté de inmediato pero no podía perder la calma, tenía que volver a casa. Tragué grueso preparándome para lo peor. —Ya han vuelto — Dijo él volviendo a aparecerse junto a uno de los hombres de gafas oscuras. —¿No te he pedido que no te muevas num…Cosmo? — Dije enfurecido. —Discúlpeme, señor Máximo, me han dado ganas de ir al baño — Contestó bajando la cabeza. —No te molestes con el muchacho, Máximo, no es su culpa tener una vejiga tan poco resistente — Dijo a mi espalda Thompson. Volteé a verle para agradecerle una vez más por su apoyo durante estos años. —No te preocupes, viejo amigo, además luego podrás pagármelo — Respondió con una enorme sonrisa. Nos despedimos de él para salir de allí, Thompson no perdió la oportunidad de recordarme que si en algún momento me estorbaba mi acompañante podía dejárselo a su cuidado, fuí amable y me negué inmediatamente a la idea, saliendo de este lugar para terminar con esto de una buena vez, finalmente había obtenido la pieza que requería. POV: Precious. —Espero que te hayas divertido, número uno— Dijo él repentinamente con una gran sonrisa. —Por supuesto, señor Máximo — Contesté sobresaltado. Me avergonzaba estar a su lado pues por algún motivo me hacía sentir un poco inferior. Me pregunté de que manera el señor Máximo pagaba las piezas que obtenía del señor Thomson y aunque quise preguntar no logré conseguir el suficiente valor para hacerlo. —¿Quieres ir a beber algo? — Preguntó. —¿No está corto de tiempo? — Pregunté de vuelta para no ser una molestia. —Eres muy amable, número uno, diviértete un poco más por lo que veo aún eres muy joven. Agaché la cabeza como acostumbré hacer durante todo el día, me alegraba la importancia que me daba el señor Máximo y toda su familia, por un instante era como volver al pasado. Volver unos meses atrás, antes del gran accidente.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR