Sorpresas matutinas ― ¡¿Pero cómo que no está?! ―increpó Mía indignada. ―Lo siento, señorita, el jefe se fue muy temprano. ― ¡Pero es sábado! Hoy no debería trabajar… ―Efectivamente, pero el señor decido salir muy temprano, me pidió que le dejase solo. Mía no cabía en sí de la bronca que sentía. Ella había pasado toda la noche sumergida en un mar de confusión y auto conmiseración. A pesar de que Dylan mismo le había asegurado de que ella no había hecho nada malo, ella no podía dejar de culparse, pues sentía que de alguna manera había arruinado lo que era aquel idilio que se encontraba viviendo. El resto de aquella noche no fue más que una tortura en la que ella se sumergió. Mía pasó la noche con las ganas a tope de salir corriendo detrás de él, pero por una inútil idea del recat

