Del cielo al... ―Hazme el amor entonces como si hoy fuese nuestro último día. Mía se acercó hasta donde Dylan había caído con la espalda sobre la cama. Los pies de él aún estaban tocando el suelo con sus rodillas flexionadas, por lo que Mía pudo acomodarse en medio de los muslos de Dylan, apenas terminó de quitarse el vestido que llevaba puesto. Atrás había quedado aquella cena lujosa y la conversación complicada; ahora solo había espacio para sentir el caudal de pasión que se desprendía de sus almas cuando la conversación sobre estas verdades no pudo arrojar más luz sobre el desconcierto. Mía suspiraba sin comedimientos, pues el hombre al que amaba la tomó con prisa sin esperar ni un segundo más. Ella estaba con su torso al descubierto, por lo que al caer sobre el pecho de Dylan él p

