Lucas

1291 Palabras
Constantine. Por primera vez en toda mi vida, bajo la guardia en cuanto veo al hijo de puta que mató a mi familia, pierdo los estribos. Me alejo de Adeline, siguiendo al hombre que arruinó mi vida y se pasea campantemente por el centro comercial como si el maldito lugar le perteneciera. Pero me detengo cuando el hombre se gira y me mira con diversión. No es él. Pero él sabe quién soy yo. Veo el reconocimiento en su mirada. Y de inmediato reconozco mi error, soy un jodido idiota. Con la mirada, busco a Adeline, y mi corazón se hiela cuando mi mirada y la de Constantine - el real - se encuentran. Adeline camina rígida junto a él, pero antes de que pueda dar un paso, el sujeto al que le di la espalda me golpea. Maldición. Estaba equivocado, no les importaba una mierda que los descubrieran. Gruñendo, me doy media vuelta y lanzo una patada al aire, maldiciendo cuando el sujeto toma mi pie y lo tuerce, haciéndome perder el equilibrio, hay gritos alrededor, el pánico está creado, así que, sin importarme una mierda, saco mi arma y le disparo al imbécil en el hombro, dándome tiempo suficiente para levantarme y darle en la cabeza. La seguridad y otros dos matones corren hacia mí, tengo que llegar a Adeline antes de que Constantine se la lleve para siempre. El sonido de disparos. Me hace detenerme, y una bala roza mi brazo derecho, por lo que me arrojo al suelo y busco un punto para defenderme, sorprendido de encontrarme con un padre y dos niños, que me miran aterrados. — Soy policía — miento, en un intento de tranquilizarlos — No salgan hasta que sea seguro. Saliendo de mi escondite, pongo en mira a uno de los matones, que está distraído con uno de los guardias de seguridad. Mi puntería no es tan buena como la de Ethan, pero maldito sea si no era buena. Muerto. Deshacerse de los demás me toma demasiado tiempo, tengo que encontrar a Adeline y poner una maldita bala en el centro de la frente de Constantine. — Hoffman — me giro, apuntando, frente a mí, está Alena Petrova, mi ira y frustración se disuelven ligeramente al verla, la mujer parece recién salida de debajo de un camión — Ti-tienes que matarlo — dice, escupiendo sangre, tiene moretones en el cuello y rostro, sangre seca aplasta su cabello sobre su rostro y se sujeta un brazo mientras cojea hacia mi — Ya no puedo controlarlo — para mi sorpresa, su voz suena nasal y una lagrima escapa de su ojo hinchado — ¿Qué demonios quiere de Adeline? — cuestiono, sin dejar de apuntarla — A ti — murmura, dejándose caer en el suelo — Björn...también fue mi mentor — confiesa — Yo no lo maté, fue Scott. — ¿Qué demonios conseguirá con esto? — pregunto, ella niega — Su...esquizofrenia, empeoró y él...tu padre y Björn fueron los que enviaron al padre de Scott a Ucrania, yo lo maté, pero Scott los culpa a ambos — La sacudo cuando empieza a perder la conciencia, le habían dado una paliza, pero se recuperaría — Tu padre y Björn están muertos, pero tú y Otto arruinaron su plan hace unos años — ¿Hablas de...? — No, tenía que ser una jodida broma. Alena asiente — Intenté advertirte, Scott descubrió que tú y Adeline tenían una aventura...era perfecto — con dificultad, busca un aparato entre su chaqueta, una tableta — todo está aquí. — ¿A dónde llevó a Adeline? — pregunto, la mujer se desmayaría en cualquier momento — Te esperará en el estacionamiento, adora hacer eso — se queja — ¿Él te hizo esto? — pregunto, Alena podía ser una asesina, podía haberle arrancado el dedo a mi hermana, pero la había visto con su hijo, Alena era una mujer después de todo. — Las voces...cree que debe vengar a sus padres — dice asintiendo — su...enfermedad es compleja, tiene impulsos que no controla, pero se vuelve calculador en cuestión de segundos — cierro los ojos antes de preguntar — Mi familia ¿Por eso lo hizo? — Alana me mira con pena. — Intenté detenerlo, de verdad — eso es todo lo que necesito — salva a tus hijos Hoffman — la ayudo a ponerse de pie cuando me lo pide — Yo debo salvar al mío. — ¿Scotty? — pregunto alarmado, si bien el niño era inquietantemente parecido a su padre, en él había algo de inocencia que me hacía pensar en mis sobrinos — No — dice apretando los ojos y acariciando su abdomen planto me da una última mirada — Hay una cabaña en el bosque del este, las coordenadas están allí, es...todo lo que puedo hacer por ti, mis hombres te ayudarán a escapar — ¿cómo sé que puedo confiar en ti? — pregunto, ella me da una sonrisa temblorosa — No sabes — y sin más, haciendo acopio de fuerza, la mujer me entrega un cargador y sale corriendo, perdiéndose entre la gente. Todo es un caos, hay unidades rodeando el lugar, pero hay un acceso al estacionamiento en un lateral, así que, cargando con los bolsos de la provisión, me aseguro de poner todo seguro en el primer vehículo que encuentro, aprendo la placa, solo para asegurarme de que su dueño sea compensado después. Hago un rodeo completo y estoy a punto de maldecir cuando escucho el casquillo de un arma detrás de mi — Constantine — digo, girándome lentamente, el hombre tiene una mirada desquiciada, cabello rubio revuelto y ojos tan abiertos que podrían salirse en cualquier momento. — Harry Hoffman — dice, tiene un tic que le hace girar la cabeza en un Angulo extraño — No...Lucas. — Me tienes — digo asintiendo, no tenía demasiada experiencia tratando con desquiciados, yo era el hombre que disparaba cuando el psicópata decidía que se había hartado de hablar. Pero podía ser peligroso. Detrás de él, un hombre moreno tiene un arma en la cabeza de Adeline — déjala ir. — Oh, nono nono...eso sería malo — razona — verás, su esposo mató a uno de mis hombres, y mi dulce y bella Alena desobedeció — suspira, como si estuviera cansado — tuve que castigarla, pero eso ya lo sabes — Déjala ir Constantine — gruño, pero el hombre se ríe, maniáticamente antes de dispararme en el brazo. Dolor. Aprieto los dientes y mis ojos pican, ese maldito bastardo infeliz. No es una herida grave y él sabe, pero no deja de ser dolorosa. Adeline grita aterrada. — No, quiero que veas como le saco al mocoso — repone, como si fuera lo más natural — tu mataste a mi hermana ¿sabes? Tú y tus hermanos — No sé de qué hablas, jamás tocamos a tu maldita hermana — gruño dolorido, él se rie — claro que no sabes — repone — ella era una víctima en un coche bomba Siento como el aire sale de mis pulmones, esa niña. Era algo que mis hermanos y yo recordamos a la perfección. En especial Kyle, la niña había muerto en sus brazos. — ¿Era tu hermana? — pregunto chorizado, y él asiente — Ese día juré matar a toda tu familia, pero ustedes los Hoffman...son como la peste — escupe — ¿Quién crees que le dio la idea a Nikolay de matar a Natasha? — Eres un desgraciado — escupo, abarcado de nuevo por la ira. Nadie tocaba a mi familia y salía ileso. Le doy un golpe que lo envía al suelo, pero mi brazo se resiente y le da tiempo de darme una patada en la rodilla. En ese momento, las sirenas de la policía y las luces intermitentes empiezan a inundar el estacionamiento. — Te encontraré Hoffman — escupe antes de ponerse de pie y correr — Tráiganla. Gruñendo tomo mi arma y miro a Adeline, por un segundo, nos miramos a los ojos y el mundo parece detenerse, ella me entiende de inmediato, solo con una mirada. Y disparo.
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