Hailey. La noche era muy fría y el viento pegaba directamente en mi cara mientras trataba de analizar lo que me había contado Andrew. Veintidós años de vida y ha pasado por cosas terribles. —No fue tu culpa —susurré, pero aun así él escuchó. —Lo fue, Hailey. Todo lo es. El hecho de que estemos aquí parados en medio de la nada también lo es. — ¿Qué se supone que haremos para regresar? ¿Caminar hasta Los Ángeles? —intervino Mike. —Dímelo tú, yo no olvidé llenar el tanque —le reprochó Andrew. Mike al escuchar las palabras de Andrew tiró su cigarrillo al suelo molesto. — ¿Sabes algo? Es la última vez que te hago un favor. Las cosas entre ellos se estaban alterando, no parecían estar jugando, más bien parecía que iban a matarse. Mientras yo estaba en medio de ellos, seguían gritándose c

