Las lágrimas resbalaban por mis mejillas. No había llorado tanto desde que era niño. — ¡Andrew! ¿No puedes ser un hombre por una vez en tu vida? —gritó Nathalie apuntándome con el arma justo en la cabeza. Nunca lo hubiera imaginado de ella. Era mi vida, mi obsesión, y verla dispuesta a asesinarme después de todo la mierda que había hecho por ella me destrozó por completo. No quería morir, mucho menos siendo humillado de esa manera, si moría la gente debería recordarme como un maldito no como un pobre idiota. El amor que sentía por ella se convirtió en rabia. —Jódete maldita puta —logré decirle. Ella rio sínicamente. —La puta que amarás incluso estando en un ataúd —respondió. Mike me dedico una mirada cómplice y entendí a lo que de refería. Golpeó a Nathalie en las piernas de tal maner

