Fingiendo interés en el exterior, Will la miraba de soslayo mientras intentaba descifrar qué estaba pasando por aquella adornada cabecita. Le hubiera gustado acribillarla a preguntas sobre qué hubiera hecho después de haber aceptado la boda con el marqués, pero había llegado a la conclusión de que esa no habría sido una buena forma de ganarse su simpatía. Si de verdad se había rendido por él, no había nada que pudiera discutir. ¿Y si en verdad ella lo amaba? Margaret no parecía ser de esas jovencitas que se declaran al primero que les dedica unas palabras bonitas, pero, teniendo en cuenta su falta de experiencia en estos temas, no podía asegurar nada. El cuerpo de la joven estaba rígido, y apretado contra la pared del carruaje, lo más alejado posible del suyo. Había juntado las piernas y

