Will pensó que Margaret estallaría en rabia ante la escena que acababa de presenciar, pero cuando la miró, y vio que no movía un solo músculo, no supo si agradecérselo o preocuparse todavía más. Su mujer estaba sentada sobre la cama con una expresión indescifrable en el rostro, algo entre el desconcierto y la sorpresa. Entonces comenzó a pensar que hubiese preferido oír sus gritos, pues no sabía exactamente qué hacer. —Déjame que te lo explique, y después si quieres puedes tirarme la lámpara a la cabeza. —pronunció con cautela. Al ser consciente de que su esposa seguiría sin soltar palabra, se levantó de la silla y fue a cerrar la puerta por la que todavía se vería a la extravagante pareja tambalearse de un lado a otro con esa chica gritando por doquier. Al regresar junto a ella, hizo

