Estoy nerviosa. Espero con ansias a que Thomas llegue a la puerta de mi casa como dijo que lo haría. Son las tres con cincuenta y siete de la tarde y estoy sentada en el sofá en el living de mi casa. Ethan está también conmigo, mirando su celular con concentración. Aliso de nuevo el pliegue de mi falda de mezclilla a sabiendas de que no lo hará, pero solo lo hago porque estoy muy nerviosa. Sé que Thomas no me dejará plantada como la primera vez. Ayer me lo prometió, pero aún así estoy nerviosa como la mierda. —Son las cuatro con un minuto. —Ethan dice sin despegar la vista de su teléfono. —Llegará el cualquier momento. —lo defiendo, aunque no estoy segura. —Eso espero. Estoy a punto de levantarme para marcarle a Thomas cuando dos bocinazos suenan desde a fuera de la casa. M

