Mis ojos se abren lentamente. Mis extremidades se sienten adoloridas y apenas la luz que proviene del exterior toca mi vista, un estallido de dolor explota en mi cabeza. Tan fuerte como el golpe de un martillo. Comienzo a moverme con lentitud entre las sabanas que cubren mi cuerpo. Me acuesto de lado y con una de mis manos comienzo a frotar mis ojos y luego mi cabeza, en un intento de despabilarme. Mi garganta está seca y ruega por agua. Cuando mis ojos están abiertos y comienzo a observar en dónde me encuentro, me doy cuenta de que no tengo la menor idea. Miro las sabanas que me cubren y luego veo por debajo de ellas. Un jadeo de sorpresa me traiciona cuando me doy cuenta de que sólo me encuentro en ropa interior. ¿Qué demonios pasó a noche?, ¿Dónde estoy? —Buenos días —dice la vo

