Un abnegado William permaneció casi toda la noche cuidando del menor, no descansó hasta que la fiebre del castaño desapareciera. Cuando por fin vio que había disminuido considerablemente, decidió descansar un poco, quedando dormido en cuestión de segundos, y en un abrir y cerrar de ojos se dio cuenta que ya había amanecido. Así mismo escuchaba que alguien tocaba la puerta insistentemente, con desgano y fastidio se levantó para ver quién era el molesto visitante. Al abrir se encuentra a su padre muy sonriente, detalle que a William le pareció extraño, puesto que este casi nunca sonreía. — ¿Interrumpí algo? — Pregunta viendo de reojos al interior de la recamara, William niega con la cabeza con un rostro molesto y adormilado. — ¿Qué quieres Víctor? Es muy temprano... — Responde boste

