— Y-yo... n-no... n-no s-sabia... yo... — Balbucea el castaño aun con el teléfono en su oreja. Adam se acerca con un paso pausado, hasta donde se encuentra el muchacho que tiembla más que una persona con inicios de hipotermia. Sam se aleja un poco, asumía que lo más inteligente que podía hacer en ese instante, para evadir el incomodo momento de explicaciones era huir del aula como todo un cobarde, no le importaba mucho que pensara Adam de él, no le conocía, no sabía cómo podría actuar ¿Y si estaba molesto, y pensaba lastimarlo como castigo a su falta? Ya había conocido a muchas personas que actuaban de ese modo con él, por ende lo mejor era no quedarse para averiguar si ese tal Adam, resultaba igual que el resto. — Lo siento... debo irme — Musita el chico caminando en reversa hasta

